Manuel Aboy comienza a trabajar como camarero en el Lembranza
09 mar 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Los bares, las tabernas, son de los pocos lugares en los que siguen sucediendo cosas. Con un nivel de circulación de público al que muy pocos negocios pueden llegar en estos momentos de crisis generalizada, la hostelería constituye una inestimable fuente de socialización que la asociación BATA quiere aprovechar para el desarrollo de un proyecto pionero de formación laboral. Manuel Aboy se convirtió, ayer, en el primero de los usuarios del colectivo arousano que prueba suerte al otro lado de la barra. Si todo sale bien, en un par de meses habrá adquirido las habilidades suficientes para desenvolverse con autonomía en un terreno profesional de frenética actividad.
«Carliños, xa rematei, máis faena», anuncia el camarero en ciernes a uno de sus compañeros. Apenas han transcurrido veinte minutos desde que cruzó el umbral de la bodega Lembranza y nuestro hombre pide ya más madera. «La verdad es que Manuel se desenvuelve perfectamente», explica Iria Freitas, preparadora laboral de BATA, la persona que asistirá a los cinco usuarios que tomarán parte en esta experiencia.
A diferencia de los demás participantes en el proyecto formativo, Manuel no tiene autismo, sino una discapacidad de tipo intelectual. «Cuanto mejor haga mi trabajo, antes desapareceré de escena y en este caso creo que no me queda aquí mucho tiempo», bromea Iria. «A min sempre me gustou o de ser camareiro, aínda que nunca tivera a oportunidade», sostiene Manuel mientras seca y ordena unos cubiertos con un manejo y una pericia sorprendentes.
No se trata de su primera experiencia laboral, y eso se nota. «Levo cinco anos na brigada de mantenimiento dos xardíns do Hospital do Salnés», apunta el propio Manuel, quien mantiene en suspenso su diagnóstico sobre la hostelería. «A min o que me gusta é o que se me dá ben; o xardín dáseme ben, a ver o que pasa agora con ser camareiro». De momento, se atreve con una de las baldas del lavavajillas ante la atenta mirada de Marcos Ramos, responsable del establecimiento. «Yo lo que quiero -confiesa el hostelero vilagarciano- es que dentro de dos meses Manuel sea un camarero, y no creas que el ritmo que está siguiendo es diferente; cualquiera que entre a trabajar con nosotros empezará haciendo este tipo de cosas para pasar después al servicio».
Manuel, que es de Caldas, retorna a casa un par de horas más tarde. El jueves que viene, un delantal y un puesto tras el mostrador le esperan en el Lembranza.