El final del primer cuarto y la todalidad del segundo le hicieron mucho daño a un Obradoiro que en ese tramo fue un equipo irreconocible. El análisis global del partido, sin embargo, no es tan desolador.
La situación recuerda, aunque no de una manera tan acusada, a la del encuentro que disputó en Valencia, aunque allí la tendencia fue a la inversa. A orillas del Turia encajó 55 puntos tras el descanso y ayer, en el Nou Congost, fueron 53 antes del intermedio.
Viene al caso el paralelismo porque el equipo y el entorno hicieron una mala digestión de aquella derrota frente al conjunto naranja, y se pagó ante el Valladolid. Y el domingo viene el Murcia, otro de los que luchan por salir del sótano.
El Obradoiro y el obradoirismo pueden lamerse las heridas y titubear o pueden poner el foco en los partidos frente al Unicaja, el Baskonia, el Alicante e incluso el Real Madrid. Ya conoce las dos sendas y a donde conduce cada una de ellas. Y si le toca como local un arbitraje parecido al de ayer en Manresa ese camino estará más allanado.