Matar a Marie Colvin, la veterana reportera de guerra caída el jueves pasado en Siria, «no cuesta más de 10.000 euros», advierte el ingeniero Benedikt Driessen, de la cátedra de Seguridad Integrada del Horst-Görtz Institute for IT Security, en la ciudad alemana de Bochum.
En el informe No se fíe de los teléfonos por satélite, el grupo advierte de la vulnerabilidad de los periodistas ante el espionaje y el señuelo que supone el móvil en zonas de combate.
El Gobierno sirio anunció que matará a todo periodista -no invitado- en su suelo y la televisión pública ha tachado de espías a los fallecidos Colvin y Rémy Ochlik en el asedio de Homs.
Un técnico alemán de inteligencia explicó lo «fácil que es para un Gobierno, que es la propia operadora, tener localizadas las señales». Por satélite requiere más tiempo, pero con un receptor en la vecindad o un avión no tripulado, es sencillo. «El precio es barato, y la tecnología, rusa», dice. Driessen dice que aunque un teléfono use software de seguridad, «antes de iniciar una llamada, comunica su posición GPS y su identificador en abierto. Compañía y titular son reconocidos. El opositor Abu Abdu al-Homsi ha denunciado desde Homs que son bombardeados lugares desde donde se llama. La noche antes de su muerte, Colvin acusó en la CNN a las fuerzas de Al Asad de asesinatos. Al día siguiente, un proyectil la mató.