Nóvoa desgranó en entrevistas en La Voz las claves de su larga trayectoria
25 feb 2012 . Actualizado a las 07:00 h.A lo largo de su larga trayectoria artística, Leopoldo Nóvoa ha detallado las motivaciones y vicisitudes en torno a su labor creativa y sus conexiones con colegas e intelectuales. Las respuestas de sus entrevistas en La Voz de Galicia conforman una suerte de autorretrato, desde su exilio hasta su refugio en Armenteira.
el camino del exilio
Uruguay y Torres García. «Cuando Franco me llamó a filas deserté y fui a Uruguay. Me formé allí y siempre permanecí fiel a mis orígenes». «Siendo estudiante de Derecho en Montevideo (yo tenía 21 años) junto a Carlos Maggi y Manuel Flores Mora, decidimos editar una revista, que se llamó Apex y nos atrevimos a pedirle a Torres García que colaborara. Nos sorprendió mucho no solo que aceptara, sino que, además, nos lo agradeciera. También escribieron Onetti y Morosoli».
Buenos Aires y Luís Seoane. «Invertí en algunas aventuras industriales, incluso tuve una empresa de cerámica, y todas fracasaron. Entonces conocí a Seoane a través de Ramón Valenzuela, emigrante gallego y escritor. Seoane editaba Galicia emigrante y yo colaboraba con dibujos políticos y algún relato». «Fue Seoane quien me alentó para que siguiese pintando y me consiguió una sala, la Galería Velázquez de Buenos Aires, para la primera exposición. Tuve un éxito extraordinario. Aquello me sacó de todas las dudas posibles; abandoné todas mis actividades industriales y me dediqué solo a la pintura. Aquella primera cita expositiva me confirmó que yo era un pintor. Tenía 30 años».
París, 1965: volver a empezar. «Yo venía del mural del estadio, de grandes masas y materiales potentes. ¿Cómo trasladarlo al plano y cómo buscar los efectos de la luz? Empecé a investigar sobre la tela blanca, a empujarla hacia delante y así nació el relieve y nació la luz y nacieron los distintos matices de grises...».
estética
La idea. «Al principio dibujaba mucho, luego comprendí que era una dictadura. Desde hace tiempo parto de una idea, que sitúo imaginativamente en un espacio. Después van apareciendo los colores, las cenizas, los papeles... A veces una simple pero infinita raya significa definitivamente la obra».
La materia. «En Montevideo vi una exposición de Antonio Burri, un médico italiano que durante la guerra estuvo en un campo de concentración y allí empezó a trabajar con materiales pobres. Utilizaba arpilleras, telas, alambres... Me marcó muchísimo ver lo que se podía hacer con materiales no ortodoxos. Después, en la bienal de São Paulo, a principios de los sesenta, conocí la obra del grupo El Paso. Con este bagaje comencé a desarrollar mi propia obra».
La recepción. «El arte requiere una gran dedicación si se quiere penetrar en él y no se puede reducir a las frases tópicas de ?me gusta o no me gusta?. Alguien le dijo a un amigo que no entendía el chino y él le respondió: ?el chino se aprende?». «Es imposible llegar a comprender por qué el hombre comenzó a pintar en las cavernas o qué quería representar con sus trazos. Para mí, es un juego con un gran trasfondo, es algo tan profundo como el misterio de la creación».
los otros
Oteiza. «En Montevideo Jorge Oteiza y yo nos hicimos muy amigos. Él me insistió en que estaba haciendo pintura abstracta sin yo saberlo y me animó a que investigara por esa vía. Con la presencia, autoridad y pasión de Oteiza me fui metiendo en esa vía».
Tàpies. «En mi caso, no hay ninguna relación con la religiosidad. Tàpies siguió con una visión doctrinal, casi oriental».
fuego y ceniza
El incendio del estudio parisino. «Cuando se incendió el taller lo perdí todo, quedé sin nada. Una nueva manera de pensar sobre la concepción del mundo se me manifiesta en ese momento y forzosamente va a influir en mi obra posterior. No tenía dinero y empecé a mezclar la pintura industrial, la de los albañiles, con las cenizas. Las cenizas pasaron, así, a formar parte de mi pintura. Tanto las cenizas como los colores terminaron por tener un peso conceptual trascendental. Físicamente tienen una apariencia y son livianas y ligeras, pero al mismo tiempo son fuertes y potentes».
lecturas
García Márquez, Valente. «Leer es muy importante para mí. Antes era un devorador de prosa. Autores americanos, hispanoamericanos y españoles. Me encanta García Márquez: Cien años de soledad es una explosión de vitalidad y magia». «Cambio de género en función de mi estado de ánimo y ahora estoy leyendo mucha poesía. Kavafis me impresionó, al igual que la obra de Valente, con quien tenía un proyecto para hacer una carpeta juntos».
el regreso a galicia
Aquí y allá. «Regreso a Armenteira por la fidelidad a los orígenes, pero también para desconectar de la vida parisina». «En el franquismo, España estaba inhabitable. En Francia me recibieron bien, trabajé bien, se vive extraordinariamente. Pasé sesenta años fuera y, cuando vine, Galicia estaba como la dejaron. Guardo tristeza, pero no rencor». «Galicia es un país maldito. En primer lugar, por los gallegos. Y después, por todos los disparates que se hacen en un territorio que podría ser una joya». «Que se te reconozca un trabajo artístico es emocionante, sobre todo si viene de mi casa, de mi país».
despedida
Ante la muerte. «Me queda poca vida, muy poca. Decir que me lleve cuanto antes sería casi una blasfemia. Pero la realidad es esa: el irse, no digo el morir. Hay un tiempo para todo, y mi tiempo ya llegó».
autorretrato el artista, en sus propias palabras