Es importante que los árboles no nos impidan ver el bosque. La Justicia debe ser igual para todos. Es decir, cualquier persona, con independencia de su condición o rango social, que vulnere la ley debe rendir cuentas ante los tribunales. Y los jueces deben aplicar las normas con el mismo rigor a unos y a otros, y extremar el celo en la misma medida, sean cuales sean el delito y el supuesto delincuente. En esto reside la independencia judicial que garantiza la Constitución, que no en la forma de elegir el Consejo General del Poder Judicial, que es un intento de mistificación del ministro Ruiz-Gallardón para justificar la involución en sus reformas. La independencia es la autonomía del juez en la aplicación de la justicia y la garantía de que no será sometido a presiones de ningún tipo para falsear el principio de igualdad de todos ante la ley. Y esto es lo esencial a preservar, porque en lo demás no todos los acusados tienen la misma dimensión. Todos los días acuden a los juzgados miles de imputados sin que nadie les preste atención. Los coimputados en la misma causa que Urdangarin han ido a declarar sin que haya habido incidente alguno. La expectación mediática y popular despertada por la citación del yerno del rey demuestra que no todos tienen la misma repercusión. Por otra parte, ciertamente la obligación de los jueces y la policía es velar por la seguridad de las personas, y la de Urdangarin está más expuesta por razones obvias. Pero hay muchas formas de garantizar su protección. Lo inadmisible sería que con ese pretexto se pretendiera evitar al duque el mal trago de la censura popular. Porque si bien la manera de acceder al juzgado es lo accesorio respecto de lo sustantivo, que es un proceso sin privilegios, también en las formas está la Justicia y en ellas se juega, asimismo, su credibilidad.