Pablo Pascual es rotundo: «Podremos mecanizar muchas cosas, pero nunca el queso tetilla ni el yogur de vainilla». El director de las instalaciones de As Carolinas tiene claro que sin el factor artesanal que interviene en la elaboración de ambos, Larsa diría adiós a su apreciado valor diferencial. «Desde luego, sin ese factor artesanal nos despediríamos de los premios».
El tetilla acaba de recibir la medalla de bronce en la categoría de quesos blandos de vaca en el World Cheese Awards, el más prestigioso certamen del mundo que en el 2006 le otorgó su cincho de plata, otro bronce en el 2007 y, por fin, el oro en el 2008. Para Pascual, su secreto está en «la habilidad del quesero para determinar el punto de corte de la cuajada». Algo parecido reza con el yogur de vainilla, lo más parecido a la fórmula de la Coca-cola en versión galaica: «Además de estar muy mimado y ser muy natural, el componente de vainilla es manual y es imposible automatizarlo».