La reunión más larga con un líder de la oposición

La Voz

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Conscientes de la gravedad del momento que atraviesa España, tanto Mariano Rajoy como Alfredo Pérez Rubalcaba quisieron revestir de cierta solemnidad su reunión en la Moncloa. Ese tono de altura política se constató en el hecho de que el encuentro que ambos celebraron ayer, con almuerzo de por medio, se convirtió en el más largo mantenido en democracia entre un presidente del Gobierno y un líder de la oposición. En total, fueron más de cuatro horas de intercambio de pareceres en una cita «franca y a fondo», según el líder socialista, a las que se sumó el debate que ambos habían mantenido horas antes en la sesión de control al Gobierno en el Congreso.

Rubalcaba dejó claro a la salida de la reunión que su intención no es mantener una línea de rechazo absoluto a todo lo que haga el Gobierno, para no quedar aislado en la oposición respecto a las decisiones que se tomen para salir de la crisis. Y puso el acento en la necesidad de que Rajoy busque el consenso con los socialistas, a pesar de la mayoría absoluta de la que disfruta y los 76 diputados que los separan en el Congreso en número de escaños.

Trato preferente en la Moncloa

En ese deseo de transmitir a los ciudadanos que ambos se centran en este momento en solucionar los problemas del país, más que en las disputas políticas, se enmarca también el tono de la comparecencia del líder del PSOE. Pese a las evidentes discrepancias en multitud de cuestiones, Rubalcaba quiso poner más el acento en la voluntad de colaborar en las soluciones a la débil situación financiera de España y en la aprobación de las reformas necesarias que en criticar las medidas tomadas por el Gobierno. El Ejecutivo ayudó a que se visualizara también ese ambiente de colaboración cediendo al líder socialista la sala en la que habitualmente se celebran las ruedas de prensa del Consejo de Ministros, en lugar de otra mucho más pequeña, en la que comparecen ante los periodistas quienes visitan al presidente del Gobierno.

A donde no llegó Rajoy es a bajar las escaleras para recibir a su invitado, aunque en esta ocasión tenía la excusa, que señaló a Rubalcaba, de que estaban cubiertas de sal para evitar que la formación de hielo por las bajas temperaturas que se registran en Madrid propiciaran un inoportuno resbalón.