El síndrome de Benjamin Button

FIRMAS

Cuesta creerlo, pero el de ayer fue el primer debate de la legislatura, mes y medio después de la constitución del Gobierno. Es el tiempo que ha tardado el presidente en comparecer en el Parlamento. Y pese a ello, da la impresión de que ha pasado una eternidad. Porque los temas y los argumentos suenan a mil veces repetidos. Pero la realidad no cambia y el futuro sigue igual de sombrío. O más. La magnitud de la crisis es tal que se lleva por delante todos los diques de defensa. Rajoy hizo de la imprevisión e inacción de Zapatero un mantra. Pero la diferencia respecto de su antecesor es básicamente de intensidad. Se ha limitado a dar dos vueltas de tuerca más a las medidas impuestas desde Bruselas. Perdón, desde Berlín. Con más convicción y entusiasmo, eso sí, pero con los mismos resultados. Lo reconoció el propio Rajoy al admitir que la reforma laboral en ciernes no impedirá que aumente el paro este año. Ha tardado, pero después de varias contradicciones y desmentidos mutuos en el seno de su equipo económico, asume también que el cumplimiento del objetivo del déficit es imposible al ritmo que pretende Merkel. Y para imprevisiones, la subida del IRPF. Cierto, es más equitativo y progresista que elevar el IVA. Pero lo más justo es que lo paguen quienes aprovechan las rendijas del sistema para eludir al fisco. Y no vale ampararse en la herencia, porque las grandes cifras las conocía antes de las elecciones.

La jaula de grillos en que se ha convertido su gabinete a propósito del matrimonio homosexual demuestra que su Gobierno ha nacido viejo. Habrá que ver si, como Benjamin Button, rejuvenece y un cambio de ciclo en la segunda parte de la legislatura le permite llegar al 2015 con aspecto juvenil. De lo contrario, su equipo puede batir un récord de envejecimiento prematuro.