08 feb 2012 . Actualizado a las 07:00 h.
La filosofía que pretende implantar Baltar Blanco se ajusta a lo que debe de ser una dirección moderna en cualquier proyecto, sea este institucional o empresarial. El jefe no es ya el poder absoluto, sino alguien que lidera un equipo pero que también consulta y escucha, se enriquece con lo que otros saben y aprovecha lo mejor de cada uno para crear un conjunto armónico. Pero para que la fórmula funcione el presidente tiene que crear ese equipo y la duda es si se atreverá a ello. Un mero reparto de cuotas de poder no es un cambio de fondo, sino de formas. Sería simplemente un reino de taifas.