08 feb 2012 . Actualizado a las 12:32 h.
Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.
Mástil de soledad, prodigio isleño;
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.
Cuando te vi, señero, dulce,
[firme,
qué ansiedades sentí de
[diluirme
y ascender como tú, vuelto en
[cristales,
como tú, negra torre de arduos
[filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de
[Silos.
(Gerardo Diego, «Versos humanos», 1925)