Una victoria con sabor a té

Leoncio González

FIRMAS

¿Qué ha ocurrido para que en el plazo de una semana Mitt Romney pasara de ser un púgil noqueado a dar la impresión de que es un gigante cuyos sus rivales parecen pigmeos? Que corrigió la dirección de su artillería y, en lugar de fustigar a Obama de forma exclusiva, hizo fuego de modo preferente contra su más peligroso rival dentro del partido. Eso anegó a las bases republicanas con una catarata de datos negativos sobre Gingrich: no eliminaron todas las reticencias que todavía les merece el financiero, pero les han hecho comprender que, en comparación con él, el veterano legislador será mucho más fácil de abatir por Obama.

Hay algo más. Los aristócratas del establisment republicano dedujeron de la victoria que cosechó en Carolina del Sur que Gingrich tenía la capacidad de torcer el guion e imponerse al hombre que prefieren para dar la batalla al presidente en noviembre. En consecuencia con ello, abandonaron su equidistancia de árbitros y se volcaron a fondo para ahogar su ascenso antes de que lograse altura suficiente para resultar inalcanzable. El resultado rompe lo que los norteamericanos llaman el momentum o estado de gracia que Gingrich logró hace unos días y avería de forma poco menos que irreparable su candidatura ya que deja ver que, donde no predominan los electores radicalizados, tiene un techo que le resulta difícil perforar.

La ventaja que ahora adquiere Romney no se limita a que el número de delegados que lo respaldan empieza a ser notablemente superior al de sus contrincantes. Es cualitativa. La familia republicana de Florida no se distingue por un perfil centrista o moderado. Por el contrario, es un bastión del ala más conservadora. Da cobijo a los duros que jugaron un papel destacado en la aparición del Tea Party. En este escenario, obtener el 47 % de los votos puede indicar que está empezando a dejar de ser visto como un blando por las bases. Si es así, aún puede perder algunos de los estados que quedan por hablar pero ha logrado encarrilar el resultado final. El aspirante deseado por los de arriba habría hecho cristalizar la rebeldía de los de abajo.