25 ene 2012 . Actualizado a las 07:00 h.
Tiene 70 años y un expediente profesional más que brillante. Incansable hacedor de favores que sabía transformar en votos, Baltar deja tras de si la mayor herencia de bancos y marquesinas que nunca antes haya podido tener una provincia. De pistas vecinales asfaltadas e iluminadas. De puestos de trabajo eventuales para familiares, amigos y vecinos. De oposiciones sospechosas. Es innegable que creó una manera de hacer política y patria pero, no estén tristes, esto no se acaba. Quizás a partir de ahora ya no se escuche tanto el trombón en los mítines pero seguiremos sentándonos en los mismos bancos y paseando bajo las mismas farolas. Nos deja a su hijo. Estamos salvados.