Las participaciones preferentes ofrecían una alta rentabilidad (por encima del 6%), pero la letra pequeña escondía una contraindicación nefasta, porque ese dinero quedaba depositado a perpetuidad, a no ser que se vendiesen las participaciones en el mercado secundario, porque no cotizan en Bolsa. Además, esa opción de venderlas entraña unas pérdidas cuantiosas. Los descuentos están hoy entre un 20 y un 40%, por lo que gran parte del capital se pierde por el camino. Pero también se vendieron otros productos que no son tan «tóxicos», pero la fecha de vencimiento es a 30 años o más. La fecha de vencimiento le pasó inadvertida a los clientes. La mayoría coinciden en que fue «un exceso de confianza» con el empleado de turno y firmaron sin más. Una de las soluciones que están adoptando los bancos que cotizan en el IBEX 35 es canjear esas participaciones por acciones para poder venderlas y rescatar el dinero. Las que no pueden hacerlo barajan otras alternativas.