Barack Obama no se presenta a las primarias pero, a veces, da la impresión de que es el tapado para el que trabajan quienes sí compiten en ellas. El presidente al que pretenden derribar los republicanos es, qué paradoja, el principal beneficiado de la carnicería en la que se han convertido los caucus: observar las flaquezas de que echan mano para destruirse entre sí los aspirantes a desbancarlo lo hacen parecer mejor.
El principal perjudicado de esta deriva es también quien tenía hasta el momento más opciones de imponerse por la vía rápida. Mitt Romney todavía puede convencer a los simpatizantes republicanos de que le den la victoria porque, a pesar de los fallos que ha cometido, parece un presidenciable más completo que sus rivales internos y tiene la maquinaria mejor engrasada que ellos. Sin embargo, puede darse ya por descontado que, en el caso de que sea finalmente nominado, le resultará más difícil merecer la simpatía de los votantes independientes que deciden el huésped la Casa Blanca.
Esto puede provocar dudas en las bases del partido, alargar el proceso de nominación o incluso provocar un vuelco en el desenlace. Si se confirman las informaciones que desvelan que Romney ha desviado parte de su fortuna a paraísos fiscales para pagar menos impuestos, saldrá al hipódromo de las presidenciales igual que un caballo con una pierna rota. La práctica no es ilegal, pero sí reprochable: arroja dudas sobre la idoneidad para dirigir el Estado en un momento de penuria fiscal, devalúa la baza de la experiencia financiera que esgrimía el multimillonario para enderezar la situación del país, abre un foso irremediable con el votante medio y muestra un flanco por el que no le costará cargar a la caballería demócrata.
Todo ello convierte, por tanto, en un hecho la posibilidad tan temida por el establishment republicano de que el vencedor de las primarias saliera tan tocado de ellas que no pudiese disputar la presidencia con garantías. El domingo sabremos si la familia republicana prefiere no verlo y sigue brindando su respaldo a Romney o se percata de que debe probar con otro.