La vilaxoanesa que llamaba «parrain» a Manuel Fraga

Serxio González Souto
serxio gonzález VILAGARCÍA / LA VOZ

FIRMAS

Cecilia Vidal, ahijada del fundador del PP, atestigua su «ternura excepcional»

18 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

El tiempo transcurría ayer con melancolía en casa de los Vidal mientras Concepción y Celia, hija y nieta del empresario Eduardo Vidal Besada y de doña Concha, la maestra que consagró 45 años a la enseñanza en Vilaxoán y da nombre al más célebre parque de la villa, se preparaban para viajar a Perbes. El fallecimiento de Manuel Fraga Iribarne, estrecho amigo de la familia y padrino de Celia, se aguardaba desde hacía semanas, pero no por ello la tristeza cede un ápice. Aquí, en la vivienda familiar de Sobradelo, el gran hombre no era el señor Fraga, ni el presidente. Tampoco don Manuel. Cecilia llamaba parrain, padrino en francés, al veterano político de Vilalba.

El ejercicio del poder y el juego político, a los que dedicó la mayor parte de su vida, otorgaron a Fraga un perfil público excepcionalmente duro. Sorprende descubrir, bajo esta reputación autoritaria e inflexible, una faceta humana de «ternura excepcional, indescriptible», aseguran Chichita [así se conoce a Concepción] y su hija Celia. Su relación se fraguó en Madrid hace décadas, cuando Eduardo Vidal presidía la firma Transportes Vidal. Los fines de semana, el empresario retornaba a Vilaxoán, donde cada 2 de agosto celebraba su cumpleaños junto a un nutrido grupo de amigos. Entre ellos, el propio Fraga Iribarne. Su etapa en Información y Turismo, la embajada en Londres, su retorno al Gobierno tras la muerte de Franco, la fundación de AP y su reconversión en el PP, el desembarco en la Xunta. «Allí siempre estaba mi padre y Fraga siempre tenía un momento para su amigo; cuando ya el alzhéimer le confinó en casa, él venía todos los jueves a visitarle, nunca se olvidaba», recuerda Concepción.

Cuando Celia nació, Fraga se convirtió en su padrino. Y aunque no pudo acudir al bautizo, el de Vilalba no falló desde entonces. El 1 de septiembre de 1990, presidiendo ya la Xunta, don Manuel acompañó a su ahijada en su Primera Comunión, celebrada en la iglesia de San Martín de Sobrán. La madrina de Cecilia es belga -Chichita, dietista pediátrica, hizo la especialidad en Bruselas y la tesis en Suiza- y la desenvoltura del político vilalbés en cuestión de idiomas facilitó el buen desarrollo de una fiesta «que fue casi como una romería». Ahí está el origen del especial tratamiento que Cecilia y su padrino se dispensaban: «Él -explica Celia- me llamaba Cecile y yo a él, parrain». Titulada en Turismo y Joyería Artística, Cecilia pinta y se dedica a la artesanía. Fraga presidió su primera exposición, con apenas 15 años, en la biblioteca del convento del Carmen, en Padrón. «Siempre se interesaba por mis cosas, me dedicaba todos sus libros, todavía tengo una concha que me trajo de Cuba. ??La cogí yo mismo??, me dijo». La última vez que se vieron, hace cuatro meses, Fraga les invitó a conocer el Senado. Y a comer. Por supuesto, en O Pazo, un clásico gallego en Madrid. En esto, don Manuel no admitía ni tutelas ni tutías.