El principio de acción y reacción

John Martínez

FIRMAS

Me comentaba un buen amigo que, al salir el otro día del pabellón, llevaba marcada en la parte baja de la espalda la huella de un todoterreno. Me aseguraba que nos habían pasado por encima. Cuando esto lo hace el Barcelona, aunque sea en tu casa, uno se sonroja lo justo. Pero es la tónica de esta temporada. Cada partido en casa es una bofetada en nuestro sufrido rostro. Pero corramos un tupido velo y afrontemos el encuentro de esta noche, el último antes del parón, con esperanza. Es la última oportunidad, de momento, para sumar un puntito. El Zaragoza está por encima, como casi todos. Pero si no queremos lamentarnos en la época estival, algo se debería de hacer. Porque lo peor para cualquier equipo es que los rivales le pierdan el respeto deportivo. A día de hoy, el conjunto capitalino parece deambular por la máxima categoría del fútbol sala español. Por activa y por pasiva hemos dicho, en más de una ocasión, que «algo se debería hacer». El barco es el que es, la marinería y el patrón también. Pero al final, en el comienzo del verano, no nos llevemos las manos a la cabeza y nos lamentemos de lo que pudo haber sido y no fue.