Polígonos


Corren malos tiempos para los polígonos industriales. Atrás han quedado aquellos años en los que las ampliaciones de parques empresariales se tramitaban a ritmos trepidantes por la elevada demanda de empresas deseosas de asentarse en suelo de la comarca. Hasta los municipios más pequeños querían tener su propio polígono, y la época era tan propicia que incluso concellos de poco más de mil habitantes tenían un proyecto de parque empresarial, aunque fuese privado. Sin embargo, los reveses de la economía paralizaron o ralentizaron iniciativas como la de Moeche o la de As Boieiras, en Valdoviño.

La crisis pilló in franganti muchos de estos proyectos empresariales. Los polígonos que ya estaban consolidados, como el naronés Río do Pozo, pudieron soportar los envites económicos con más entereza que aquellos que aún estaban despegando. Cuando llegaron los peores momentos de la crisis, Narón tenía recién inaugurada la cuarta fase de su gran parque empresarial. El ritmo de venta no era el esperado, no. Pero el coloso empresarial ya se movía por sí solo.

Otros polígonos más pequeños, como el de Ortigueira o Cedeira, sí tuvieron más complicado captar empresas para sus parcelas en un momento económicamente delicado. Han sido años en los que la venta de solares ha sido nula o casi nula. Esa escasa demanda ha convertido en noticia esta semana la primera venta en años de una parcela en el polígono industrial de Cuíña, en Ortigueira. No es la solución a todos los problemas, pero es quizás el primer paso de un cambio de tendencia que haga resurgir muy pronto el potencial industrial de la zona.

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