Lydia Galán, en Pontedeume: «Espacio Neha es un centro de bienestar físico y emocional, mi sueño de siempre»
PONTEDEUME
Psicóloga e instructora de pilates, trabaja con niños, adolescentes y adultos con un enfoque integrador
23 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Neha, término de origen sánscrito, significa amor, afecto, cariño, ternura. Era el nombre que Lydia Galán Regueira (Pontedeume, 42 años) había elegido para su segundo hijo, si hubiera salido niña. Y así ha bautizado finalmente el centro de bienestar físico y emocional que abrió en octubre de 2024 en su pueblo: Espacio Neha. «Era mi sueño desde muy jovencita», confiesa esta psicóloga (con formación específica en violencia de género, trastornos de niños y adolescentes y psicología infantojuvenil) e instructora de actividades físicas dirigidas, como baile o aeróbic, y pilates.
«Nace de una vocación muy clara —subraya—. Por eso me gusta pensar que este proyecto no es una casualidad, es un sueño cumplido que fue tomando forma con los años. Me formé mucho porque quería estar muy preparada para acompañar de verdad, y abrir este centro en Pontedeume es mi manera de aportar algo valioso a la comunidad que quiero. Me siento una privilegiada y muy agradecida a toda la gente que confía en mí, y eso, a la vez, es una gran responsabilidad». Tras varios años trabajando por cuenta ajena en gimnasios, se decidió y optó por capitalizar el paro para sufragar los gastos iniciales, el acondicionamiento de un local propiedad de su familia en la calle Irmandiños.
«Hay menores que tienen ansiedad por los estudios, hasta les dan ataques en los exámenes»
Lydia agradece especialmente la ayuda de su marido, Roy García, que vio claro que debía emprender, igual que su último jefe. Y desde el primer día tuvo gente: «Al llevar tantos años dando clases de pilates en el pueblo, ya tenía grupos, y también con los niños, porque había dado clases de baile y alguna mamá me decía que su hija adolescente tenía un problema y como ya me conocía le apetecía hablarlo conmigo. Así que no empecé de cero cero». En Espacio Neha ofrece pilates, pilates dulce (para gente más mayor o con problemas de movilidad) y fit pilates júnior (para menores, sobre todo en verano). Todo en grupos reducidos, «muy personalizados», recalca.
«Un poco más felices»
En el apartado de psicología, trabaja el acompañamiento emocional de menores y adultos, a nivel individual. «Cada uno viene con su problema: ansiedad, estrés por los estudios, violencia de género, niños con trastornos del espectro autista o de déficit de atención e hiperactividad... o a veces gente que simplemente necesita hablar», explica. Su idea, precisa, «es que salgan de aquí sintiéndose mejor, un poco más felices». Reconoce su especial conexión con los niños, para quienes ha diseñado una actividad grupal de mindfulness: mindfulkid. Disfruta especialmente con el grupo de niños y el de adolescentes: «Con ellos hago desde meditación a ejercicios de respiración consciente o trabajos de gestión emocional. Con los peques meto juegos terapéuticos, y con los adolescentes, lo que me pidan, a veces vienen con dudas sobre algún tema y lo tratamos (la adolescencia es una etapa maravillosa, de rebeldía necesaria para crear la personalidad adulta, no hay que demonizarla)». Enfatiza que los niños «dedican poco tiempo al juego que desarrolla la imaginación, básico incluso para superar las dificultades del día a día», en parte por el peso de las redes sociales. Más allá de esto, alerta de la ansiedad que les generan los estudios, «por el nivel de exigencia y de autoexigencia, porque tienen que sacar una nota alta para estudiar lo que quieren. Hasta les dan ataques de ansiedad en los exámenes». Proporcionarles herramientas para mitigarlo es parte de su trabajo.
Observa con inquietud la violencia de género entre adolescentes: «En mi generación avanzamos un poco, pero ahora hay cosas normalizadas como ‘me dio una bofetada, pero no va a volver a hacerlo', o los celos, en la pareja y con amistades. Solo hay que fijarse en las letras de las canciones que escuchan y que van interiorizando, con violencia y cosificación de la niña y la mujer». Lydia, «muy feliz» con su trabajo, busca un enfoque integrador: «No creo en etiquetas ni en soluciones estándar, hay que mirar a cada niño o adulto y acompañar».