«Nas aldeas o centro social é a taberna»

Emiliano Iglesias, Milocho, bisnieto de la fundadora, lleva 60 años en el negocio, donde se vende «case de todo»


ortigueira / la voz

Nadie la conoce por su nombre, Tenda Bar, como nadie pregunta por Emiliano Iglesias (77 años), propietario, junto a su mujer, Mari Carmen Guerreiro (73), de O Polvorín, el único establecimiento que queda en la parroquia ortegana de Freires. «No ano 1948 eramos 273 veciños e hoxe non chegamos a cincuenta», comenta Milocho, como todos llaman al bisnieto de la fundadora del negocio. Josefa Río Bouza, costurera, abrió una pequeña tienda en 1890 en Devesos. «Empezou nas feiras, levaba na pañoleta roupa que cosía ela, logo empezou coa tenda e meteu bebida, porque alguén lle dicía ‘se tiveras un augardente’, despois algo de comida... e así foi aumentando», relata Mari Carmen.

La familia se mudó a O Saído, en Freires, y allí siguió el negocio, hasta que restauraron la vivienda donde se encuentra ahora, muy cerca, una casa en ruinas donde, según se decía, se guardaban las herramientas y los explosivos de la cantera de cuarzo que había enfrente. De ahí el sobrenombre. Por O Polvorín pasaron la abuela, Elisa Río Bouza, y la madre, Marina Bocelo Río, de Milocho; y su padre, Manuel Iglesias Casanova, de Barbos. «Eu nacín na tenda de O Saído», cuenta el último de esta saga familiar de tenderos, con seis décadas detrás del mostrador. «Cando chegou a luz eléctrica a Freires eu tiña catro anos, recordo os candís e as luces de carburo». En la posguerra, los años del racionamiento, vendían «do que había», casi todo a granel: «Café, aceite, conservas ou bacallau salgado, pezas grandísimas, daquela era a tenreira dos pobres e agora é a dos ricos». Muchos pagaban en especies, «ovos, trigo ou millo».

En la Tenda Bar no falta nada, aunque Mari Carmen confiesa que «todos os días chega alguén pedindo algo raro, con iso de que ‘aquí hai de todo’, e a tanto non se dá chegado». O Polvorín es estanco, tienda de comestibles (con frutería, charcutería o carne salada) y bebidas; bazar, entre ollas y calderos; y droguería. Las ristras de chorizos lucen junto a los jamones y las cabezas de cerdo. Hay chocolate, del bueno, pastas, legumbres, yogures o quesos, todo de primeras marcas.

Un lujo de clientela

«Nós competimos co trato coa xente, cos grandes non podemos competir en prezos», concluye Milocho. «Este é un sitio de paso -está al pie de la AC-101, la carretera que va de Ortigueira a As Pontes, a pocos metros de la rotonda de Cuíña-, é do que vivimos, porque na parroquia quedamos moi poucos. Os clientes si que non os cambiamos por ninguén, veñen das Neves, de Senra, do Ermo... Coincídelles ben e fan por vir... Grazas que fan por vir», aplaude Mari Carmen.

O Polvorín abre de lunes a domingo, de siete de la mañana a diez de la noche. «Se cerro un día pásoo moi mal, abúrrome. O que máis me gusta é o trato coa xente; se paran de vir, eu acabei», reconoce Milocho. A su lado, Isabel Ramil, vecina de Insua, empleada desde 2010. «É a encargada», dice. Los clientes se acomodan en el local, unos se acodan en la barra y otros hacen la compra de la semana. «Nas aldeas o centro social é a taberna», sentencia Milocho. O Polvorín resiste: «É difícil, aguantamos coma os últimos de Filipinas, isto acábase».

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