«Espasante es mi paraíso, siempre cae gente rara y especial por aquí»

Ana F. Cuba ESPASANTE

ORTIGUEIRA

Laura planea cambios en la decoración del café, tal vez ya para el próximo verano.
Laura planea cambios en la decoración del café, tal vez ya para el próximo verano. fotos: ángel manso< / span>

El espíritu del local, que nació como pub Grolos hace 30 años, sobrevive

29 sep 2023 . Actualizado a las 20:30 h.

Todo empezó hace «más o menos» 30 años. Laura Cheda Martínez y sus hermanos, Luisa y Nesu, decidieron abrir un pub en el bajo del edificio que había construido su padre en la plaza do Pedregal, en Espasante. «Le llamamos Grolos, era como un pub de garaje, oscuro, con falsas ventanas, bancos de madera y luces de neón. Llegó a tener un futbolín y una moto antigua», cuenta la benjamina, hoy al frente del negocio. «Había mucha marcha en Espasante con un solo garito, el Mar de Mares, que habían abierto unos asturianos, y dijimos ?¿por qué no montar otro??», recuerda.

La filosofía de los hermanos Cheda caló en seguida. «Siempre intentamos poner buena música, había una mesa de mezclas y dos platos y pinchábamos los elepés que teníamos los tres y los que comprábamos en una tienda en A Coruña, cerca de la estación de autobuses», explica Laura, que atesora decenas de vinilos de aquella época. La oferta nocturna se reforzó con la apertura del Bar de Fredi y A Escondida (de Ramón), «los dos locales míticos, con música en directo». Y en junio de 1996 el Grolos se transformó en O Café do Tempo -«renovarse o morir»-, abriéndose a «todo tipo de público, café de día y pub de noche».

«Abrimos ventanas; queríamos una decoración rústica y nos introdujimos en el mundo del café. Conseguimos que entrara gente nueva sin perder a la clientela anterior, de Cedeira, Viveiro... Aquí empezaron a salir varias generaciones y ahora vienen los hijos», repasa. Entonces abrían todos los días, salvo una quincena de septiembre. «En octubre venían los geólogos (aún hoy)», evoca, y con ellos volvía el ambiente.

Durante un tiempo compaginaron este negocio con el Plas Plas, que abría a medianoche, en el antiguo cine. Al poco de la muerte de su hermano, en el 2000, Luisa y Laura dejaron O Café do Tempo, algún tiempo vacío y alquilado cinco años. Hasta que Lu, como la llaman muchos, retomó las riendas, hace casi tres años (el 21 de diciembre), «con mucha ilusión y mucho cariño». Y con el mismo espíritu -«que los clientes se sientan como en casa es mi mayor satisfacción»- y sus hermanos «siempre» a su lado.

¿Qué tiene Espasante? «Es mi paraíso, siempre cae gente rara y especial por aquí. El pueblo, la gente, los garitos... Los locales son entrañables y los lleva gente con carisma, Fredi, Ramón...». Laura y los suyos. «Espasante siempre ha tenido mucha cultura musical, por aquí caían grupos de Madrid (los hermanos de Paco El Negro), Os Maruxa (Cedeira)... Pero el directo es de Fredi y A Escondida». Este verano, entre reencuentros, ha probado con algún concierto, «temprano, para no molestar, acústicos, un lunes, un miércoles...». Ahora anda triste. Es tiempo de despedidas.