Me acaban de instalar la fibra. Se lo cuento a todo el mundo porque es todo un hito para la zona rural de Narón, equiparable a cuando pudimos disponer de agua de la traída y de alcantarillado -hace menos de diez años-. Los urbanitas estarán con los ojos como platos al leer esto, pero esa es la realidad. Cuando en el resto del mundo están hablando de 5G, de coches autónomos y de las fotos de la expedición a Marte, en muchas aldeas gallegas nos enfrentamos a problemas tan básicos como realizar trámites por Internet o teletrabajar sin que se cuelgue la línea cada dos por tres. Con la fibra ya no pasa. Y se agradece infinito. En los últimos años se ha avanzado mucho gracias a las ayudas para que las operadores doten de conexiones a las zonas más apartadas, pero hay que seguir.