LA AGRICULTORA
07 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Los grelos no necesitan grandes lujos para vivir. Aunque, eso sí, tiene sus pequeñas manías. Aborrecen el rocío, pero en cambio adoran las semanas en las que se alternan el sol y la lluvia. María José Fernández Acción cuenta también que hay que plantarlos «despois dos Remedios», o sea, después del 8 de septiembre. Cosas de la sabiduría popular. Estas son algunas de las fórmulas que aplican los agricultores de Val Xestoso para obtener los mejores grelos de los alrededores. Mejores porque son más dulces, o por lo menos, no tan ácidos como los de otras zonas. En este proceso es también fundamental la tierra y el clima que impera en ese valle de Monfero. En definitiva, toda una serie de elementos, que están en manos de la naturaleza, se confabulan para producir estos grelos de alta calidad. María José posee diez ferrados (cinco mil metros cuadrados) en el lugar de Alvite, dedicados totalmente al cultivo de esta verdura. «Non dan gastos nin traballo», cuenta la productora, a la que no le importaría que los grelos crecieran durante todo el año. Entre diciembre y marzo, esta vecina de Val Xestoso recolecta una media diaria de cincuenta kilos, cada uno de los cuales los vende a sesenta céntimos de euros. O sea, que María José, obtiene unos ingresos adicionales de 30 euros diarios, que al finalizar los tres meses de campaña del grelo suman 2.700 euros. «Isto é unha axuda adicional, nada máis», explica Alejandro Dafonte, gerente de la cooperativa de Val Xestoso. La mayoría de los vecinos que se dedican al campo viven de la venta de leche, pero muchos se dedican también al cultivo y comercialización de grelos para obtener unos ingresos extras. María José posee catorce vacas lecheras.