Guerra entre percebeiros y bateeiros a raíz de la extracción de la mejilla

Los profesionales de Ferrol vuelven a quejarse por la esquilmación de las rocas


FERROL / LA VOZ

Una vez más, los bateeiros han puesto de los nervios a los percebeiros de la cofradía de Ferrol. El motivo, la mejilla, la cría del mejillón que los productores utilizan para las bateas y que, según los profesionales locales, están recogiendo en la misma zona en la que ellos obtienen el percebe. «Arrasan las rocas, quedan peladas, como si fuera hormigón», denuncia la patrona mayor del pósito, Isabel Maroño. Esta guerra llevó el otro día hasta las rocas a la Guardia Civil, los Gardacostas de la Consellería do Mar y los guardapescas de la cofradía, con el fin de solucionar el entuerto. Finalmente, los responsables de la Xunta dieron el visto bueno a los bateeiros y pudieron seguir con su trabajo.

«Siempre tienen el respaldo, pero no tienen piedad con nuestras rocas. Podían coger la mejilla sin arrasar todo», añade Maroño. Los bateeiros procedían de las Rías Baixas y acostumbran recorrer toda la costa gallega en busca de estas crías, que luego cuelgan en las cuerdas. Esta vez los vieron en la zona de Lobadiz y Lume Boo, con «coches y remolques enormes», en los que cargan los sacos con el producto. «Temos controles continuos e nunca atopan percebe. Os nosos profesionais son sensibles coa demais xente do mar e, na miña opinión, conviven», valora el presidente de la Organización de Produtores de Mexillón de Galicia (Opmega), Ricardo Herbón.

Sin embargo, las visiones son contrarias y no parece que vaya a haber ahora un entendimiento si nunca lo hubo. De hecho, esta batalla se reproduce en otras zonas como la famosa de O Roncudo, en la Costa da Morte. «Tal y como dejan la piedra, es normal que los percebeiros estén en pie de guerra. Los últimos meses fueron muy malos, por los temporales, y ahora van a ser peores. ¿Dónde va a criar el percebe?», dice la patrona mayor.

Una vez la piedra queda «arrasada», según explica, sale una especie de alga marrón, un musgo, que tarda en irse. Y desde que se va, hasta que sale el percebe, pasa alrededor de un año, «un tiempo que no se puede esperar».

«As mareas, cando nós non recollemos a mexilla, limpan as pedras igual que as deixamos nós, por iso non creo que haxa diferenza. Sempre actuamos en zonas nas que sabemos que non hai cría de percebe. As dúas actividades son compatibles», concluye el responsable de Opmega. El conflicto no parece tener solución.

«Ves cómo queda la piedra y te duele la cabeza, pero ellos son los jefes»

 

Lleva más de treinta años en el mar y, por eso, conoce la situación a la perfección. Eso sí, oculta su nombre porque «luego se acuerdan de ti». Este percebeiro de la costa ferrolana dice lo mismo que la patrona mayor: «Los bateeiros dejan las piedras todas peladas, como si estuvieran acabadas de pintar». Y cree que vienen aquí, a las Rías Altas, porque «por abajo tienen amenazas». «La Xunta les da todos los permisos que quieren. Está claro que las autoridades barren para el grande, siempre ha ocurrido lo mismo. Ves cómo queda la piedra y te duele la cabeza, pero son los jefes y tienen la sartén agarrada por el mando», expresa contrariado.

Este profesional de la cofradía de Ferrol asegura que «dejan todo esquilmado; incluso aunque esté vedado, arrancan todo» y hace un llamamiento al biólogo autonómico de zona para que se acerque a ver cómo queda la zona. Esta semana fueron al percebe, pero en los meses pasados «hubo muy poco» y las crías «son cada vez más pequeñas». «Y ahora, aún encima, en donde extrajeron la mejilla hay que esperar un año, como si lo hubiese llevado todo la marea», lamenta. El percebeiro recuerda varias situaciones parecidas en los últimos años.

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