Ya en vísperas


Pues ya se va acercando poco a poco, otro año más, el día de San Ramón, O meu santiño, Santo Patrono de Servidor de Ustedes. Un santo al que, cada 31 de agosto, se le rinde tributo en Ferrol en memoria del Marqués de Amboage, benefactor de la ciudad por excelencia. Y al que en Vilalba se le celebra también con el mayor de los entusiasmos, haciendo que la capital de la Terra Chá, que por esas fechas rinde además tributo a la literatura, se llene de visitantes llegados de las más diversas tierras: de lugares que por lo general también tienen muy hermosos nombres, cantados por los poetas. Pero yo, por razones obvias, entre los innumerables Sanramones que hay en el mundo -que aun siendo tantos también son, todos ellos, el mismo- le quiero muy especialmente al de Sillobre, que se venera a cien pasos de la casa en la que nací, y que hasta tiene fuente propia, una fuente de extraordinarias aguas. Su nombre, Ramón, era también el nombre de Meu Padriño Ramón, que tenía un caballo rubio con las crines trenzadas con el que llevaba el pan por las casas. Y el de mi Tío Moncho, hermano de mi madre. Y el de Mi Tío José Ramón, que era hermano de mi abuela. También el de algunos amigos muy queridos, como Moncho Pernas. Y el de mi venerado Valle-Inclán, Don Ramón de todos los Ramones, a cuyo entierro, en Santiago de Compostela, asistió Don Manuel Troitiño, más tarde legendario canónigo catedralicio, que no era pariente mío, pero casi, porque lo era de una tía política nuestra. En fin, que como ustedes ya saben, lo mejor de las fiestas son las vísperas. Y yo, desde esta misma mañana, me considero en vísperas de mi señor santo. Soñaré con las campanas.

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