«Estamos siempre con cinco sentidos»

Solo dos empresas, una de Ferrol y otra de Narón, están especializadas en trabajos en vertical, una labor que requiere confianza


Ferrol

Para los que pasean por la calle y alzan la vista es todo un espectáculo. Para ellos, un oficio en el que «no se puede pensar ni un segundo en las musarañas». Lo deja claro Miguel Carrasco (Ferrol, 30 años) que comanda una de las dos únicas empresas de la comarca especializadas en este tipo de labores. La suya tiene la sede en Ferrol y la otra, en Narón. En el sector, pasado el bache de la crisis, el tiempo libre es escaso y la demanda, por lo tanto, todo lo contrario.

Cuando tenía 16 años, Miguel dio sus primeros pasos en la escalada subido a un rocódromo. Siempre le gustaron los deportes de riesgo y, desde que probó a moverse por las alturas, no lo ha querido dejar. Dos años después de esos inicios, convirtió la afición en su trabajo al incorporarse en una empresa de labores en vertical. Ahí aguantó un tiempo, hasta que se fue al paro. Sin embargo, tras ahorrar un tiempo, estrenó su propia firma, con la que lleva ya ocho años: Pinturas y Trabajos Verticales Miguel. Tiene dos compañeros también experimentados. La otra compañía de la zona, Vertikal Express, tiene un par de empleados. Por ello, también operan en la zona Desafío Vertical -casi todos los nombres incorporan «vertical»- o el Grupo Bordex, ambas con sede A Coruña, pero con mucha ocupación en Ferrolterra. De hecho, la segunda de ellas tiene una delegación en A Gándara.

En el Grupo Bordex, aunque lleva más tiempo con este tipo de labores, trabaja desde hace cinco años Ángel Paz. «Estamos sempre en tensión e non pode haber un despiste», subraya. El de Arteixo todavía recuerda su primera vez. «¡Iso non se esquece! O edificio era bastante alto e paseinas negras, pero foi todo ben. Púxenme no borde e pensei: “Ala, hai que ir para abaixo’’», rememora. También tiene grabado en la mente su récord de altura: 22 pisos, unos 70 metros en vertical: «Notábase que estaba máis arriba que outros, as persoas vense moi pequeniñas».

Como uno puede imaginar, el vértigo es inexistente y el miedo se convierte en respeto. «Siempre da respeto y siempre lo tenemos que tener. Estamos siempre con los cinco sentidos activados. Tenemos que pensar que estamos seguros, hacerlo bien y listo», comenta Miguel. La seguridad es máxima. Los operarios están colgados de una cuerda sujeta a un arnés y tienen una de seguridad en caso de que haya un problema con la primera. Una vez a Miguel se le rompió la principal por el rozamiento con una uralita -«de vez en cuando te llevas algún susto», dice- y se quedó colgado de la otra. A mayores, hay una tercera por la que bajaría un compañero en caso de algún incidente. Todo el material se revisa constantemente.

Herramientas suspendidas

Y aún así, las citadas no son todas las cuerdas, porque en otra se suspende el material, además del que llevan consigo. Radiales, espátulas, pintura y lo que haga falta, algo de lo que también «hai que ser moi consciente», remarca Ángel. «Ás veces é máis perigoso que poida caer unha ferramenta desde esa altura que o feito de estar colgado», agrega. Un añadido, está claro, a la tensión permanente. También se suman factores externos como la lluvia y el viento, de ahí que la facturación se mayor durante el verano.

¿Y qué es lo más complicado? «Sobre todo, cuando llegas al sitio, ver dónde puedes hacer los amarres. Por lo demás, es un trabajo difícil, peligroso, pero se lleva bien», continúa Miguel. Por ello, sus grandes enemigos son los voladizos -salientes del tejado-, muy habituales en los edificios de hormigón de Ferrol, según comenta Ángel. «Iso supón que moitas veces baixas a máis de dous metros da parede e tes que ir cambiando de corda. Para iso precísase experiencia», explica. Una vez que se baja, no es conveniente volver a subir. Acostumbran hacer dos horas del tirón -varía según el trabajo- y descansar veinte minutos.

A pocos como a Miguel les gusta alcanzar «esos sitios a los que una grúa o un andamio no llegan» y por eso las firmas escasean en la comarca. El tiempo de ejecución y presupuesto en comparación con la colocación de un andamio es uno de los valores de esas empresas. Aunque para valor, el de los que miran el mundo desde arriba cada jornada.

El perfil: ágiles sobre la pared y con conocimientos de todas las ramas posibles

Impermeabilización de fachadas, cubiertas, tejados, terrazas, patios de luces y medianeras; colocación, sustitución y reparación de bajantes y canalones; sellado de grietas; montaje y desmantelamiento de chimeneas y conductos de aireación; instalaciones de elementos publicitarios; limpieza de cristales; trabajos de albañilería en general; pintura interior y exterior; o podas en altura. Este extracto de la página corporativa de Miguel deja claro que, como apunta Ángel, «isto non é un deporte». La especialización -por hacer, hacen hasta informes fotográficos- forma parte de esta profesión, en la que el estado físico también juega un papel clave. Toda labor que se realiza, o al menos la mayoría, hay que hacerla colgado de una cuerda.

«Hay que hacer un poco de todo y, por supuesto, hacerlo bien. Tenemos que tocar todas las ramas de la contrucción: ser buenos pintores, albañiles, fontaneros y, en nuestro caso, también jardineros», subraya Miguel. Por eso, aunque recibe un buen número de currículos, los descartes son habituales. «Hay muy poca gente especializada. El tema es que la formación es muy cara, con mucha práctica y también teoría. Es difícil encontrar un perfil que reúna todos esos condicionantes», añade. «Hai que valer», zanja Ángel.

La mayoría de los que están ahora en activo empezaron desde jóvenes y, además de contar con la formación, fueron aprendiendo de la gente con la que trabajaron como en cualquier oficio. Y una vez se empieza, por todo el gasto en los cursos, casi todos se dedican durante un buen tiempo a esta labor.

Buenos escaladores

No solo el buen estado físico es imprescindible, sino también ese punto de experiencia el que ayuda a enfrentarse a entresijos como los patios de luces, en los que muchas veces no hay salida por los pisos más bajos y hay que volver hacia arriba. Ángel pesa más de 80 kilos y asegura que sube más rápido que alguno de sus compañeros que lleva menos tiempo: «Hai que estar moi áxil para regresar pola corda».

El Grupo Bordex, su firma, también es un ejemplo en la zona de Ferrol de todas las ramas que tocan. Desde la empresa trasladan que han hecho muchas obras de reparación de cubiertas y naves industriales o el mantenimiento de la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen.

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