Todos calladitos y mirando a Madrid


Fue pasar las elecciones generales, llegar las fiestas navideñas y, oiga, parece que a los políticos de Ferrol se les ha ido el santo al cielo... Todos calladitos y mirando a Madrid por lo que pueda pasar. Porque al final eso, lo que pueda pasar, marcará los discursos y las acciones. Es la primera vez que se ve con una claridad tan meridiana el modo en que las organizaciones marcan el ritmo a sus representantes... ¿O eran representantes de los vecinos? En fin. El asunto es que como en Madrid está todo abierto, a ver a quién le metemos la zancadilla. No vaya a ser que salga el tiro por la culata y luego, claro, haya que retranquear. Porque no hay nada decidido. Y por eso da la sensación de que en estos lares se ha optado, al abrigo de los villancicos, por hacer un cuerpo a tierra hasta que se vaya oteando un horizonte. Que de los cruces que se puedan dar, de las alianzas que puedan surgir, igual llegan refuerzos a Ferrol o, por contra, igual aparecen escenarios insostenibles. Está por ver quiénes son los amigos y quiénes los rivales. Lo que ya está visto es que, al final, nadie amarra los perros con longanizas y todo el mundo tiene quien le diga por aquí sí, por aquí no o mejor todos quietecicos. No vaya a romperse algo.

Y mientras los inquilinos de Armas andan con la mirada así como perdida, como ausente, la gente sigue con lo suyo. Que es lo que toca. Entre ellos los placeros de los mercados municipales que, no sin razón, piden mejoras en esos recintos. Unas mejoras necesarias para poder competir, o al menos intentarlo, con las grandes superficies. Reclaman mantenimiento y que se llenen los puestos que se encuentran vacíos. No parece mucho reclamar. Sobre todo cuando esos mercados tienen vocación de continuidad en el tiempo. Por muy mal dadas que vengan, la plaza es la plaza, y lo seguirá siendo. Pero necesita, como tantas otras cosas, que se le eche un mano. ¿Queremos hacer ciudad? Pues hagámosla. Pero con hechos, no con palabras repetitivas que ya suenan a huecas.

Y que no quede en el tintero la activación de la terminal de contenedores, un proyecto que generó muchas dudas y que ahora tiene que despejarlas. Capacidad hay. Planificación detrás, también. Solo falta que eche andar para ver si nos creemos de una vez que Ferrol puede ser competitivo, y mucho, en gran variedad de facetas. Sin renunciar nunca a su esencia naval. Quede dicho que si alguien espera a que se mueva el primer barco para que broten los puestos de trabajo... Que se siente cómodo para esperar. Esto no va de un día para otro. Ni mucho menos. Pero es importante que vaya. Y en cinco años (poco más de un mandato) hablamos.

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