«2014 fue el año de mi revolución»

La deportista aresana cuenta los grandes retos que asumió el año pasado

Paula Mayobre llevó zapatillas de regalo a Etiopía: «Nos pusimos a entrenar y los niños se descalzaban, decían que para correr rápido»
Paula Mayobre llevó zapatillas de regalo a Etiopía: «Nos pusimos a entrenar y los niños se descalzaban, decían que para correr rápido»

ferrol / la voz

Paula Mayobre tiene solo 25 años, pero su nombre suena alto entre los aficionados al atletismo, porque ha ganado en muchas metas, dentro y fuera de la pista. Y tal vez por eso cuando el año pasado abrió una escuela de atletismo en su Ares natal, sus previsiones se desbordaron: tiene a más de 80 niños y varios grupos de adultos. «Tuve que pedir ayuda a mi hermana, nunca pensé que podría venir tanta gente», explicaba el jueves, poco antes de escaparse a las Fragas del Eume a correr sobre la nieve. «Es una sensación increíble, no tiene nada que ver con otra salida».

No hace falta enfrentarla con ningún espejo; ella siempre muestra como es y por eso no le cuesta nada contar que hace bien poco se agotó su depósito y aunque su cabeza le pedía entrenar más y más, su cuerpo le ha obligado a bajar el ritmo. «Tenía anemia y tal vez fue una consecuencia de que todo se concentró en unos pocos meses». Ese todo ha sido la puesta en marcha de una clínica de masajes, la apertura de la escuela de atletismo, su vocación solidaria (viajó a Etiopía y está ahorrando para repetir la experiencia en Tanzania) y, por supuesto, la competición. Ella lo tiene claro: «2014 fue el año de mi revolución, revolucioné mi futuro y mi vida en nada: creé mi propio puesto de trabajo con la clínica, monté una actividad que no había en Ares y todo lo demás».

Paula trota unos 80 kilómetros cada semana y eso cuando no está con un plan de entrenamiento específico, es solo para mantenerse. Su vida oscila entre atender su clínica por las mañanas, dar clases dos tardes por semana y sacar tiempo para seguir en la competición. «A veces me escapo al mediodía», cuenta y explica el hambre de ejercicio que siempre ha tenido. «Cuando era pequeña era multideportes, pero llegó un momento, a los 14, en el que tuve que elegir».

Paula le debe muchas victorias a sus padres, ellos la han llevado y traído a Ferrol a entrenar durante una década. «Por eso monté una escuela en Ares, porque otros chavales que no tengan unos padres como los míos puedan llegar a este deporte y ver que no solo es correr, tiene muchas más cosas». Hace años se cayó al inicio de una carrera muy importante para ella, el campeonato europeo de Albufeira (Portugal): «Miré hacia atrás y no había nadie, era la última, impotencia total, fui toda la carrera llorando, pero mis padres me gritaban: ?No llores, corre?, y eso es la vida levantarse, superarse».

Atleta, no «runner»

Otras veces ha sentido que «volaba» adelantando a otros deportistas: «Como el año pasado en los 10.000 de A Coruña, yo misma notaba que iba rapidísimo». Y es que Paula no lleva móvil, ni GPS para medir sus tiempos y mucho menos para compartirlos en las redes sociales: «Yo creo que ahí está la diferencia entre runner y atleta: el primero sale en cuanto puede a entrenar y no tiene tiempo para nada más; ahora está de moda correr y hay mucho consumismo, la gente que entreno viene cada semana con una cosa nueva, cuando regresan de una ruta yo les digo el tiempo que han hecho sin necesidad de nada más. Yo sé al ritmo que voy y la distancia que corrí, no necesito más cachivaches. El resto son modas para runners».

Cuenta que cuando fue a Etiopía llevó zapatillas, pero los niños con los que estuvo le demostraron que ni eso se necesita: «Nos pusimos a entrenar por una zona rocosa y se descalzaban, decían que para correr más rápido». Nada nuevo para ella; en su primer mundial entró en la meta en el puesto 14, detrás de 12 chicas africanas que iban descalzas.

 

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