CONTRAPUNTO | O |
25 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LOS PLANES de rehabilitación de los centros históricos suelen ser molestos en un comienzo, blanco de las críticas de los constructores, después, pero a largo plazo los ciudadanos, los destinatarios últimos, suelen elogiar el resultado. Ocurrió en Santiago, donde la tarea se inició hace veinte años, y en cualquier otra capital con programas de estas características en marcha. En Ferrol nos hallamos en la primera de las fases. Por ello puede perjudicar para el fin pretendido conceder valor principal a sectores influyentes pero a la postre minoritarios que presentan la tarea como inviable económicamente, irrealizable o motejan con razonamientos peregrinos los objetivos de reconstruir un edificio (¿qué valor histórico tiene eso ?, suelen decir). Pues, por eso es necesario perseverar y evitar que lo que quedó en pie de aquel afán pacato y demoledor de los años 60 y 70 no caiga ahora. Si cuando uno llega a Bretaña se sorprende de lo bien que se conserva su arquitectura es porque la Administración departamental controla hasta los clavos que se utilizan en reformar una casa. El centro de Ferrol es como es porque se establecieron en su día ordenanzas que se hicieron cumplir... pero en el primer tercio del siglo XX. Escuchar ahora de boca de cualificados representantes que había normas muy rígidas que es preciso ablandar, quizás, puede tener diferentes interpretaciones. ¿Con quién se va a aflojar? ¿Habrá la contrapartida de apretar, para otros? En estas cuestiones es donde el ciudadano debe participar y no dejar el debate para el promotor y el concejal de turno. Porque la ciudad que se conserve o reforme pertenece al conjunto de los vecinos.