Curso de campanero en Fene: «Non imos deixar que se perda esta arte»

Ramón Loureiro Calvo
Ramón Loureiro FERROL / LA VOZ

FENE

Ramón Loureiro

El joven Bruno Aneiros trabaja en la organización de la iniciativa, en la parroquia de Sillobre

17 jul 2023 . Actualizado a las 22:42 h.

Bruno Aneiros (Fene, 25 años), uno de los campaneros más jóvenes del país y cofundador de la Asociación de Campaneiros de Galicia, anda muy atareado a estas alturas del año. Es miembro de la comisión de fiestas de su parroquia, Sillobre, que estos días rinde tributo a su patrona, Santa Mariña. Allí es él quien se ocupa de las campanas. Unas campanas que ya tocaron, también, en otro tiempo, su padre (Enrique) y su abuela (Pepucha), además de dos de sus tíos-abuelos (Juan y Julio).

Además, y con casi total probabilidad, el día 25 volverá a tocar las campanas, un año más, junto a compañeros suyos de toda Galicia, en la catedral de Santiago. Pero eso no le impide seguir trabajando en su próximo proyecto, que es impartir en Sillobre, como hace años ya había hecho su tío-abuelo Julio (Julio López Allegue), un curso para campaneros. «Non queremos que se perda a arte de tocar as campás», dice Bruno. El curso, que se impartirá después del verano, nace con afán de tener continuidad en años sucesivos. Y estará dirigido, de nuevo, a todo tipo de personas que tengan interés en aprender la técnica del toque manual de campanas. Una forma de comunicación que ya ha sido declarada por la Unesco Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

A través del tiempo

Las campanas de Sillobre, fundidas ambas en el siglo XIX, son dos piezas y de excelente sonoridad que, si bien es cierto que no ocultan las huellas del paso del tiempo, siguen estando en buen estado. Algo con lo que tiene mucho que ver, como suele subrayar Bruno, el hecho de que «sempre se tocasen a man», evitando el uso de sistemas automatizados que hacen que el cuerpo de la campana siempre reciba los golpes en el mismo punto.

Afirma Bruno que, más allá del componente sentimental que siempre tiene oír tocar las campanas que uno ha escuchado durante una vida entera («Hai xente maior que me ten dito que, cando eles finasen, non me esquecese de tocar en memoria súa as campás», comenta el campanero), nadie debería olvidar que las campanas, sobre todo para quienes aún conocen «os distintos toques que hai», sigue siendo una forma de comunicación excelente. Una manera de comunicarse respetuosa con el medio ambiente y, sobre todo, dotada de la belleza que toda música tiene.

Bruno lamenta que haya espacios urbanos en los que magníficas campanas parecen haber callado para siempre. Algo que, comenta, parece tener mucho que ver con las quejas de quienes, en algunas ciudades e incluso villas, dicen que el sonido de las campanas les molesta. Quejas que, por cierto, casi han desaparecido desde que el arte de los campaneros ha recibido el reconocimiento de la Unesco.