«Estaba al timón y lo primero que noté fue una sacudida tremenda»

a. cuba / e. abuín / E. Mouzo CEDEIRA / LA VOZ

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Salvamento dio ayer remolque a tres veleros que perdieron el timón por golpes de las orcas

15 sep 2020 . Actualizado a las 15:50 h.

En los 35 años que lleva en el mar el cedeirés Ángel Rodríguez Castelo, patrón de la lancha de salvamento de la Cruz Vermella do Mar Langosteira, jamás se había encontrado con algo así. La embarcación remolcó hasta el puerto de Cedeira, donde tiene la base, a dos veleros que se quedaron sin timón por los embates de varias orcas la madrugada del domingo al lunes. «Deixamos un amarrado [el francés Amadeus, que navegaba a siete millas al sudoeste de Cedeira cuando pidió auxilio, a las 00.12] e xa nos chamaron para saír polo outro [el Urki 1, de bandera española, localizado a cuatro millas al noroeste de la localidad]», explica.

«Os dous quedaran sen temón, e nos dous, cando lles demos remolque as orcas aproximáronse a nós, como intimidándonos ao ver que non tiñan por onde atacarnos ao non levar temón. Durante dez minutos as dúas máis grandes, que pasaban das tres toneladas, arrimábanse, e as pequeniñas ían a uns cinco metros. Tanto no primeiro coma no segundo, cando levabamos dúas millas xa nos soltaron», indica Ángel. Cuenta que al yate francés «déronlle a volta enteira, 360 graos, imaxina a forza que teñen».

Ya por la tarde, la Salvamar Betelgeuse tuvo que remolcar un velero británico, el Aliana, que se topó con las orcas a 8 millas al noroeste de Cedeira y, como los dos de madrugada, perdió el timón, además de sufrir una avería mecánica en el mismo.

Alfonso Vega, patrón del Urki 1, es un navegante experimentado y tampoco había vivido una situación similar. Este bilbaíno residente en Asturias había salido de Fisterra rumbo a Gijón, adonde pensaba llegar, con el amigo que le acompañaba, 40 horas después. «Cuando escuchamos el mayday [señal de socorro] por la radio, nos ofrecimos a Salvamento Marítimo para ayudar, por si necesitaban algo. Estábamos muy cerca [del Amadeus] cuando nos avisaron de que había llegado la lancha de Cruz Roja, nos retiramos y seguimos nuestro rumbo inicial, al norte», relata.

«Al cabo de poco más de media hora empezaron los golpes. Estaba al timón y lo primero que noté fue una sacudida tremenda, miras hacia atrás y ves aletas, y con un foco bastante potente ya vi una orca metida debajo de popa, dos, una resoplando por un lado y otra por el otro», describe. «Ahí empezaron los golpes por la proa y sobre todo al timón, dando pasadas de un lado al otro, agarrándolo con la boca, aleteando... Sientes las vibraciones, las sacudidas, como si zarandeas a un niño», detalla el patrón de este velero de 12 metros de eslora. De poco sirve la experiencia: «Puedes tener un problema con el motor, con las velas, con mal tiempo o con las rocas... Pero aquí no hay nada que hacer, salvo esperar a que se cansen».

Desde la torre de Salvamento Marítimo de A Coruña mantenían el contacto con él desde que se había brindado para auxiliar al otro yate en apuros. «Cuando les avisé todavía funcionaba el timón -señala-, pero a los dos minutos ya se oyó el peor golpe de todos, cuando lo partieron, y aun así estuvieron casi una hora jugando con nosotros como si fuéramos una pelota». Al llegar la lancha Langosteira, las orcas «desaparecieron» y cinco minutos después de preparar los cabos de remolque, «otra vez a dar golpes».

«No sabes qué hacer»

¿Pasaron miedo? «Sí, sobre todo impotencia, no saber qué hacer. Tengo balsa, neopreno, todo el equipo de seguridad, pero si tengo una vía de agua y el barco se hunde qué pasa con estos cuatro mamíferos aquí». A la espera de poder evaluar los daños, estima que, tanto en su yate como en el otro [en el que también iban dos tripulantes a bordo, un francés y una sueca], podrían oscilar «entre los 6.000 euros mínimo y los 15.000, eso inicialmente».

El mismo grupo de ejemplares poniendo a prueba sus técnicas de caza

Las orcas, como otros animales, aprenden jugando. Y la de alimentarse es una lección que hay que tener bien sabida en la vida. Estos cetáceos han desarrollado técnicas de caza extremadamente complejas; hasta el extremo de que la que emplea un grupo no es igual a la que pone en práctica otra manada. Por eso los expertos sostienen que las interacciones que estos días se están constatando entre orcas y embarcaciones de recreo, singularmente veleros, no son otra cosa que ejemplares practicando con el juego técnicas de caza. «Van siguiendo el rebufo del velero y ponen a prueba su sistema; para ellos se trata de un juego lúdico de aprendizaje, pero la han tomado con el timón del barco», explica Bruno Díaz, del Bottlenose Dolphin Research Institute (BDRI).