Río das Mestas


Ferrol

El tramo fluvial que más me recuerda al Blackfoot de El río de la vida, novelado por Norman Maclean y universalizado en cine por Robert Redford, es el curso del Eume que se alarga desde el pico de la presa de Caaveiro hasta la hidroeléctrica de O Parrote: unos kilómetros de fraga irrepetibles y una refulgente lámina de agua cautivadora. Desde hace años, un gozo exclusivo de senderistas: la pesca está vedada (nada que objetar). El viejo profesor de Literatura Maclean mantenía tal respeto y estima a la pesca de truchas que solo transigió a las pretensiones de Redford cuando comprobó que en el equipo de rodaje había pescadores. El escrúpulo era obvio: el libro comienza con la frase «En nuestra familia no había una frontera clara entre la religión y la pesca con mosca», y Maclean era hijo de un pastor presbiteriano de raíz escocesa. Pero si la Santa de Ávila halló a Dios entre las marmitas, nada hay de raro en recrear el mítico río de Montana entre los municipios de Cedeira, Valdoviño y Cerdido. El das Mestas es un regato que a veces fanfarronea de río con un lecho que ora se ensancha en aguas someras ora simula torrente bravo entre riscos, que, en el desamparo en el que ha quedado el campo, riega un breñal de carballos, sauces, alisos y fresnos en cuyo umbrío cobijo se protegen jabalíes y corzos. Rigurosa y tenazmente exprimido por los pescadores, en su fronda aún es posible capturar instantes en los que los árboles intercambian pájaros como palabras, que diría Saint-Pol-Roux (lo cuenta Pierre Michon en Vidas minúsculas, un texto portentoso de este inexplicable noNobel, para gloria de su difuso compatriota Modiano). Aunque sean chispazos fugaces y evasivos.

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