Hay cosas que no se entienden, y cuando se trata de la falta de recursos sanitarios, mucho menos. Porque cuando los servicios no llegan en este ámbito, las consecuencias repercuten directamente en los pacientes. Y con la salud no se juega. Debe ser que en la Consellería de Sanidade nadie se ha detenido cinco segundos a mirar las cifras de esta zona, porque si no nadie comprende que un área como la de Ferrolterra, Eume y Ortegal, con una población de unos 195.000 vecinos, tenga solo una ambulancia medicalizada, con base en el hospital Naval, y que opera en un radio de acción limitado. Sería cuestión baladí si esos habitantes se concentrasen en un único núcleo de población, que permitiese a ese vehículo sanitario llegar raudo y veloz a cualquier accidente o siniestro similar que se produzca. Pero no es el caso.
Es más, 20.000 de esos vecinos residen en una de las zonas más aisladas de toda Galicia, con unas arterias de comunicación propias del medievo, con curvas sinuosas y plagadas de baches, y con un intenso tráfico de vehículos y camiones. La necesidad de una ambulancia medicalizada en esta zona no es capricho ni de los gobernantes ni de los vecinos. Es una realidad. Si un paciente de Cedeira, Cariño o Mañón requiere este tipo de atención tiene que ser evacuado en una ambulancia asistencial hasta Valdoviño o el Campo do Hospital, donde se hace el traslado a la ambulancia medicalizada. Eso siempre que el vehículo se encuentre disponible, ya que es el único que hay para las tres comarcas.
Para más inri, para desplazarse por las carreteras del Ortegal y Cedeira los tiempos se duplican. De Bares a Ortigueira hay que emplear cerca de media hora y de la villa ortegana a la urbe naval son necesarios más de 45 minutos. Mucho tiempo, sobre todo si lo que se pone en peligro es la vida de una persona. Ya que el hospital más cercano que tienen estos vecinos está bastante lejos de sus casas, parece de recibo que por lo menos cuenten con una ambulancia medicalizada, que pueda ser clave para salvarle la vida a alguien. La Xunta no puede desatender más esta comarca, que lleva años en el olvido.
Tampoco puede quedar en el olvido uno de los crímenes de la zona que más ha conmocionado a sus vecinos, no solo por lo trágico del suceso, sino porque dos años y medio después sigue sin resolverse. El hijo de Elisa Abruñedo necesita saber quien mató a su madre. Lo necesita saber su familia y también los vecinos de esta zona de Cabanas, que no pueden vivir tranquilos sabiendo que hay un asesino libre. La investigación parece que no avanza y hasta hay pruebas que podrían haberse perdido. Increíble.