Los espero benévolos si esta bitácora no conecta con mis queridos lectores que, como millones de españoles, están hartos de política y del irrespirable clima político que amenaza España y nos empuja a las trincheras que, con empeño, van abriendo quienes las necesitan para justificar su existencia como dirigentes políticos. Son los ultras, populistas, comunistas, separatistas y oportunistas a la caza del poder y la gloria. Tratan de liquidar la Transición y construir un nuevo relato al dictado de los adanistas que aspiran a destronar a la casta para entronizar la dialéctica, tan sectaria como peligrosa, de la confrontación, su único recurso para alcanzar el poder. Y para ese objetivo les urge derrotar definitivamente al constitucionalismo, pactista, alejado de radicalismos y leal a la obra de aquella España de la reconciliación que buscó el consenso para superar la atormentada historia de las dos Españas. El resultado de esta estrategia hoy es visible: un minifundismo populista y radical. Y, lo más grave: sanchistas, comunistas, separatistas y podemitas/sumandos de Sumar fabrican cinturones de seguridad para excluir cualquier pacto con todo lo que esté a la derecha del PSOE (incluyendo su ala moderada) desde la (supuesta) autoridad moral de la que presumen con soberbia indisimulada. Así articulan el frentismo que alimenta la intolerancia, el odio y pone fronteras que excluyen a millones de españoles y abraza a quienes usan las instituciones de la España que pretenden romper como escenario y altavoz de sus exigencias y del precio de su supuesta lealtad? Sumar minorías de ese jaez es una operación potencialmente peligrosa… y de perversa aritmética.