Generación herida

Nona I. Vilariño MI BITÁCORA

FERROL

Las imágenes de la invasión de Ucrania por Rusia golpean el alma de la Europa que se creía libre de la barbarie legal. Sí, legal en la paranoica concepción de la democracia y del ejercicio del poder de los dictadores, disfrazados de demócratas, que no respetan ni las libertades ni a la soberanía de los países. Y cuya pretensión es legitimarse con los votos para actuar como lo que son: tiranos imperialistas. El contraste: la fragilidad de la UE, que se ha unido para ayudar a Ucrania pero carece de política exterior y de defensa que puede frenar al sátrapa de Rusia, que sigue y seguirá aplastando a los pueblos que le estorban, amparado en su impunidad penal. Y este clima de incertidumbre económica y sociopolítica, unido al temor de que la invasión ni se detenga ni se castigue, es en el que vamos a vivir, no sabemos hasta cuándo, después de una pandemia que nos robó la salud física y mental y nos regaló dolor y pobreza…

Algo que me conmovió es el corazón de esta bitácora: una conversación que escuché, por casualidad, a dos jóvenes que hablaban de la guerra de Ucrania (aunque creo que para ser una guerra se necesita un enemigo y los ucranianos son solo víctimas). La consideraban una oportunidad y una necesidad de desarrollar una industria, militar y tecnológica, que crearía miles de puestos de trabajo, entre otros lugares en la comarca de Ferrol… Solo describo lo que oí, que me hizo pensar que esta generación, herida por las circunstancias adversas, va a vivir sabiendo que la guerra es posible. Ellos, que vivieron en paz y prosperidad, habrán de aprender que es necesario prepararse para la guerra si la paz es el camino y… el destino.