Clima y salud

José Picado DE GUARISNAIS

FERROL

19 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Desde la Organización Mundial de la Salud se difunden mensajes contradictorios. Demasiados, de demasiadas voces. El próximo mes de marzo podría darse por finalizada la pandemia, pero se confirma que la eficacia de las vacunas desciende drásticamente a partir del veinteavo mes de la inoculación. El porcentaje de vacunados bate todos los registros sanitarios, pero sólo en el primer mundo; hay países en los que no llega al cinco por ciento de la población. Los avances científicos están siendo extraordinarios, pero no garantizan que permitan atajar una nueva infección por otro virus o una mutación de los actuales en los próximos años. Algunos epidemiólogos hasta se han atrevido a poner fechas y estiman que no será más allá del 2030.

No debemos olvidar que las enfermedades infecciosas han sido siempre la primera causa de muerte muy por encima de las guerras, catástrofes naturales, terrorismo, enfermedades comunes o accidentes. La especie humana se ha dotado de todo un arsenal de plegarias, ritos, sacrificios y sangrías, que le permitían luchar contra las pestes, disenterías, viruela, gripes, fiebres tifoideas, tuberculosis y malaria, hasta que se descubrieron los beneficios de potabilizar el agua, construir alcantarillados y practicar la higiene personal. Hoy nuestro arsenal está compuesto de antiparasitarios, antibióticos, vacunas (aunque no en todos los casos) y el más potente de todos los remedios: el conocimiento.

Es el conocimiento el que ha llevado a firmar un único editorial a más de doscientas de las mejores revistas médicas de todo el mundo, publicado recientemente en la ONU. Su titular: «El calentamiento global ya está afectando a la salud de las personas». Existe evidencia empírica, se dice allí, de que en los últimos veinte años la mortalidad relacionada con el calor entre las personas mayores de 65 años ha aumentado en más de un cincuenta por ciento. No se trata únicamente de que el cambio climático provoca fenómenos atmosféricos extremos, altos niveles de polución y cambios perversos en la naturaleza. Afecta, directa y gravemente, a nuestra salud: deshidratación, problemas renales, neoplasias dermatológicas, alteraciones en salud mental, alergias, morbilidad y mortalidad cardiovascular y pulmonar, son algunas de las patologías que provoca directamente nuestro modo de vida. Es imperativo cambiarlo, dicen los científicos, mientras advierten a los responsables de todas las administraciones sobre la necesidad de rediseñar los sistemas de transporte, modelos de ciudad, la producción y distribución de alimentos y la mejora de los sistemas de atención a la salud. Sabemos lo que hay que hacer pero ¿seremos capaces de hacerlo con la intensidad y rapidez necesarias? Veremos.