No era esta


Resulta que en este comienzo del segundo año pandémico se asomó el doctor Mike Ryan a los micrófonos radiofónicos para decirnos que no era esta la pandemia que esperaban los epidemiólogos. Mike Ryan, director del programa de emergencias de la Organización Mundial de la Salud, recoge las conclusiones del estado de la ciencia en este momento y nos traslada la convicción de que este virus sars-cov-2 es una especie de patógeno entrometido, un okupa que se nos coló pillándonos desprevenidos pero que en realidad no era la enfermedad contagiosa grave que los científicos esperan desde hace años. ¿La evidencia principal? Que presenta una mortandad inferior al 1 %, vamos, que mata a una parte muy pequeña de los humanos que consigue infectar. Este virus desordenado se controlará con la vacuna, continúa Ryan, aunque no existe garantía de que se pueda erradicar en el corto plazo como no se han erradicado otros virus causantes de enfermedades infecciosas.

No era esta, tampoco, la respuesta que los ciudadanos esperábamos de la eficacia del proceso de vacunación. Las autoridades políticas españolas (digo autoridades y políticas en la misma frase, ustedes me disculparán) eran conocedoras de los avances que se producían en laboratorios y universidades de todo el planeta para conseguir las vacunas que nos puedan inmunizar ante el covid maligno. Hasta se hizo, a la altura del pasado verano, un plan de vacunación del que muchos presumían al mismo tiempo que decían que no había que presumir. Cabía esperar que en el momento en que aterrizasen en suelo español los primeros contenedores con las vacunas ultracongeladas, comenzaría la campaña de vacunación a todo filispín: mañanas, tardes, noches, festivos y fines de semana. Porque, queridos políticos organizadores de la cosa, aunque a los técnicos acostumbrados a trastear con los virus les parezca que este entrometido sars-cov-2 mata poco y mal, la realidad es que la estadística de defunciones presenta unas cifras insoportables. Con diagnóstico realizado o con cuadro clínico sospechoso, pero con el mismo resultado de muerte.

Y no era esta, ni mucho menos, la desafortunada retahíla de respuestas dadas por la clase política ante tan gran desidia vacunatoria: la logística es compleja; el registro de vacunados se está poniendo en marcha; hay que hacer una preparación especial; las comunidades se están organizando para ello; pronto se alcanzará la velocidad de crucero, etc...

Ni las acusaciones de la oposición negacionista, que tanto culpan a los gobernantes nacionales de dictadores y secuestradores de las libertades en el caso de que tomen la iniciativa, como de irresponsables, cobardes e inútiles si respetan la iniciativa de los pueblos de todas las Españas.

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