«Mis zapatos más antiguos los compré hace 30 años... ¡Y están impecables!»

Fran López es un maestro en el arte de remendar el calzado, pero también ejerce de padrazo, toca el bajo en un grupo de música y cuida de sus amigos como si fuesen de la familia


ferrol / la voz

Visitar el taller de reparación de calzado El Cubano, en el corazón de Canido, es como sumergirse en una burbuja del tiempo. Las paredes conservan las mismas estanterías que había en el año 1952, cuando el padre y el tío de Francisco López Lage (Ferrol, 1972) fundaron el negocio. «Los dos nacieron en Cuba y de ahí viene el nombre del taller», explica con una sonrisa Fran, nieto de un gallego que emigró a la isla caribeña para trabajar en una mina de wolframio y años más tarde regresó a su tierra natal con una criolla de piel color «café con leche» y seis retoños.

Dos de aquellos hijos pusieron en pie un negocio que hoy Fran mantiene vivo con las mismas recetas que le enseñaron sus fundadores. «Mi padre me inculcó desde muy niño la importancia del esfuerzo, la responsabilidad y el trabajo, mientras que mi tío me enseñó que también hay que ser un buen relaciones públicas y tratar bien al cliente», rememora Fran.

 

Con solo 12 años, él y su hermano ya zurcían rotos en alpargatas y ponían tapas en los zapatos para ganarse unas perras para sus caprichos los fines de semana, pero, aún así, en su juventud nunca pensó que terminaría dedicándose al oficio. «Mi padre no quería por nada del mundo que nos quedásemos con la zapatería, sino que estudiásemos para ser abogado o médico», cuenta Fran. Sin embargo, en sus años mozos él no hacía buenas migas con los libros, así que aquel joven inquieto y soñador decidió embarcarse en otras aventuras. Intentó convertirse en policía, pero lo dejó porque vio que aquello no era lo suyo. También trabajó como relojero. Y durante un tiempo se puso al servicio de las ambulancias del 061 en la comarca de Bergantiños, una ocupación que le fascinaba, sobre todo por el trato humano con los enfermos.

Pero cuenta Fran que aquel trabajo era muy inestable, así que cuando a su padre le llegó la hora de la jubilación, no lo dudó y lo dejó todo para ponerse al frente de El Cubano y dar continuidad así al negocio familiar. «Puedo decir que me siento afortunado, porque tengo un trabajo que me gusta y está bien valorado. A lo mejor hace años a un zapatero se le podía mirar por encima del hombro, pero hoy ya no es así», comenta Fran, quien en El Cubano comparte faena con el exjugador de fútbol Juan Carlos Nieto, O negro del Racing de Ferrol.

Juntos dan el callo cada día para dar nueva vida a zapatos desvencijados, que muchos no dudarían en tirar a la basura. «Yo siempre recomiendo no escatimar y comprar un zapato bueno, y a poder ser en la zapatería de toda la vida, no por Internet. Un zapato malo lo arreglas y estiras su uso, pero es que un zapato bueno admite muchos más arreglos y puede ser eterno. Los zapatos más antiguos que yo tengo son unos Oxford que compré hace 30 años... ¡Y están impecables!», me responde el maestro al preguntarle por la receta para que el calzado cumpla años sin achaques.

Más allá del taller

Hasta aquí el Fran zapatero, pero, cuando cierra la puerta del taller y cuelga el mandil, afloran otros muchos Fran. Está el Fran músico, melómano hasta la médula, forofo del jazz y bajista del grupo Bitter Cans. «Yo jamás había tocado un instrumento, pero un amigo me animó, y un buen día me dio una arroutada, entré en una tienda y me compré el bajo sin pensarlo dos veces», cuenta con agradecimiento hacia aquel guitarrista que lo azuzó, Andrés Díaz «Bombilla», con quien desde hace ya tres años comparte andanzas musicales en Bitter Cans.

Luego también está el Fran familiar, que ha aprendido a conciliar para poder pasar más tiempo junto a su pareja y su hijo, Bea y Antón; el Fran motorista, que disfruta del paisaje a lomos de su preciosa Triumph... Y si seguimos explorando las caras del personaje, llegamos al Fran amigo, ese que cuida con igual mimo a los colegas de muchos años -como Gus, su amigo del alma-, que a los que hizo gracias a su hijo pasados ya los 40. «Los padres de los amigos de Antón se han convertido en grandes amigos míos, y me siento muy afortunado por ello, porque es gente con la encajo y me siento muy a gusto. Además de la música, creo que esa amistad ha sido otra de las grandes revoluciones reciente en mi vida».

EN CORTO

Un sueño por cumplir. Fran no deja de formarse y a menudo acude a cursos sobre nuevos métodos de reparación del calzado. Además, tiene una cuenta pendiente: «Me gustaría aprender a diseñar y fabricar zapatillas deportivas», confiesa.

Comprometido. Comprometido con su barrio, Fran formó parte de la directiva de la AVV de Canido durante algún tiempo y también participó en la creación de la asociación de hostelería y comercio de Canido Hoscompro.

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«Mis zapatos más antiguos los compré hace 30 años... ¡Y están impecables!»