Un tren perdido en el tiempo


Esta semana se ha inaugurado un nuevo tramo del AVE a Galicia en tierras de Zamora. Madrid está 50 minutos más cerca de lo que estaba hasta ahora. Queda un tramo para completar la línea hasta Ourense y ya después los gallegos podremos decir que también tenemos AVE. Lo que sigue sin saberse es cuándo, lo cual nos hace pensar que, para nosotros, aquello de «qué hay de lo nuestro» (que tan bien saben manejar los vascos, por poner un ejemplo) no surte ningún efecto ante el Gobierno de la nación. Menos mal que la paciencia es una de las virtudes que los gallegos llevamos en nuestro ADN, porque si no el asunto del tren rápido podía acabar con el sistema nervioso de todo el país. Sobre todo porque todo este proceso tiene en su tratamiento un cierto parecido con el pitorreo.

Y es que ya no podemos verlo de otra manera. La primera vez que se habla del proyecto del AVE Madrid-Galicia fue en ¡1988!, por boca del Abel Caballero, entonces ministro de Transportes del Gobierno de Felipe González. Lo peor fue que aseguró que el AVE llegaría a Sevilla en 1992, y a Galicia, en 1993. No hay que tacharlo de mentiroso total: acertó el 50% de su propuesta… Muchos años después, en el 2001, apareció Álvarez Cascos, ministro del ramo con Aznar, y firmó un protocolo con Fraga por el que se comprometía a traer a Galicia el tren de alta velocidad en el 2010. Y ni el desastre del Prestige (2002) varió en nada la categórica previsión firmada y sellada, por lo que Cascos fue premiado con la Medalla de Oro de Galicia… Como pueden ver, el asunto empezaba a parecerse a una evidente tomadura de pelo institucional.

Y llegaron Zapatero y Magdalena Álvarez con más rebajas: ahora el gran acontecimiento será en el 2012. A la antipática andaluza le sucede en el cargo el simpático Pepe Blanco, que con su retranca gallega, ya nos dice que esa fecha llega muy pronto, que hay que ir hasta el 2015. Como buen paisano, no quiere hacer promesas en balde… Y firma este compromiso con Feijóo en lo que se conoce como el Pacto del Obradoiro. Después llega otra gallega, Ana Pastor, que, propone nueva fecha: 2018. Que volverá a variar con el ministro que la sucede en el cargo, Íñigo de la Serna: no será hasta el tercer trimestre de 2019. Y en esas estamos. Ahora se habla de la segunda mitad del 2021. ¿Quedará algún ingenuo por Galicia adelante que crea que esa fecha es la definitiva?

Como ven, una noticia de hoy puede provocar un viaje al ayer. Y es que aquí en Ferrol el pasado lo tenemos muy cerca. Cada vez que nos subimos a un tren para ir a Coruña, nos acordamos de que hay un AVE que circula ya por media España y que, nos aseguran, ha de llegar algún día a Galicia. Y nos resignamos a consumir hora y media larga para recorrer unos 50 kilómetros. Aquí, más que clamar por la alta velocidad, pedimos un tren rápido y barato que reduzca distancias y ahorre tiempo. Porque seguimos con aquellos que mi amigo Juan y yo, desde el internado de Santiago, contemplábamos cada noche abriéndose paso entre la niebla con un aire cansino y fatigado. Venían de Madrid, a las 20.30 en punto, cargados de lejanía y misterio. Aquellos trenes, en aquellos momentos, tenían su encanto. Pero ahora no tienen sentido. Habría que meter a todos esos ministros (y ministras) en uno de ellos para que viesen la tortura que supone el viaje Ferrol-A Coruña, o viceversa. Y antes que seguir hablando en vano del AVE, seguro que se planteaban la renovación de esta vía y de estos trenes.

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