Tan necesaria y tan temida

Antía Urgorri Serantes
Antía Urgorri EL ACUARIO

FERROL

Recuerdo estas mismas fechas el año pasado. Vivía con ilusión la cuenta atrás de la entrada en el cole de mayores de mi hija Adriana, con solo dos añitos y diez meses. A estas alturas de agosto, ya le había comprado el uniforme, lo había llevado a arreglar y me debatía sobre en qué color bordarle las letras del nombre en el mandilón. Con qué ilusión lo viví.

Era una sensación de alegría y de miedo al mismo tiempo. ¿Se llevaría bien con los compañeros? ¿Estaría contenta con su profe? ¿Aguantaría bien tantas horas seguidas en clase? Todas mis expectativas se superaron con creces, y el cole de mayores pasó a ser un lugar al que Adriana quería ir con ilusión y alegría todas las mañanas. Nunca lloró.

Recuerdo en pleno confinamiento, en uno de los correos que me intercambiaba con su tutora, decidí leerle en alto a Adriana las palabras de cariño que le mandaba Esther, su profe del alma, y también mi respuesta: «Me da mucha pena que no vuelvan al cole este curso», escribía yo.

Adriana, al escuchar tal frase, levantó la cabeza y con cara de horror me preguntó: «Mamá, ¿no voy a volver al cole?». Intenté aguantar el tipo, tragué saliva, y le dije: «El próximo curso, cariño». Eso de el próximo curso, le debió parecer aceptable, que se conformó con la respuesta y siguió jugando.

Ahora que solo quedan tres semanas para el inicio del nuevo curso, vuelvo a sentir una mezcla de sensaciones extrañas. Me preocupa, y mucho, el inicio de un curso escolar en el que cada día que deje a mi hija en clase y luego la recoja, sentiré miedo de si me llevaré el virus a casa, poniendo a mis familiares en riesgo.

Temo que suene el móvil cada mañana diciéndome que tengo que ir a buscar a la niña porque ella o algún compañero han tenido fiebre. Me pregunto con quién la dejaré cuando eso pase. O como viviré esos momentos en el que alguno de mis dos hijos tenga fiebre, que la tendrán, y cómo aguantaré esa incertidumbre hasta que el médico o el PCR le ponga nombre al virus. Sea coronavirus o uno de tantos que cada invierno se cuelan en casa.

Pero también deseo que mi hija vuelva a su cole, que vea a sus compañeros y a su profe, a los que tanto ha echado de menos, que recupere su rutina, que se levante cada día a la misma hora, que se acueste agotada, que se ponga el uniforme, y que me cuente todo lo que ha aprendido en clase.