No hay quinto malo


Alberto Núñez Feijóo despejó las dos únicas incógnitas que quedaban pendientes ante las urnas: cual sería su margen de votos de diferencia sobre todos sus competidores y por qué partido político se presentaba. Ahora, en este cuarto mandato, sólo deja el interrogante de si habrá o no una quinta mayoría absoluta. Feijóo aclaró el futuro de la composición del Parlamento y la Xunta repitiendo lo que ya convirtió en rutina con cuatro victorias. En esta ocasión, además, venciendo de forma contundente a propios y extraños.

Venció en primer lugar a toda la simbología de su partido conservador. Núñez Feijóo se presentó a las elecciones sin la gaviota popular, sin la música popular, sin las siglas populares, sin el programa popular y sin la escenografía popular. Sólo estaba él, su cara, su nombre y un único mensaje dentro del argumentario político: Galicia.

Venció en segundo lugar a todos los comunes. Feijóo convirtió en lagarteranas las Mareas, Galicia en Común, Podemos, Anova, Izquierda Unida y todas las demás confluencias que no confluyeron en nada. Ni siquiera los aplausos cosechados por la ministra fenesa Yolanda Díaz (ahora en busca de nuevo destino) consiguieron arrancarle un solo voto.

En tercer lugar venció a la alternativa socialista simplemente ninguneándola. Feijóo no considera que Gonzalo Caballero sea un rival de la talla política de su tío Abel Caballero. Le restó importancia durante la campaña y el líder del PSdG no consiguió remontar el suelo de votos en que está sumido.

Pero de todas, la victoria más significativa la obtuvo Feijóo derrotando al aznarismo de su propio partido. Eran sus máximos rivales. Aznar, la FAES, Casado, Egea, Álvarez de Toledo, Ayuso y todos los demás discípulos de la escuela más partidaria del combate, las posiciones más radicales de la derecha y los discursos sobreactuados por la defensa del espíritu nacional. De un plumazo, además, junto a los aznaristas populares barrió del espectro político gallego a los aznaristas aledaños, tanto de Ciudadanos como de Vox.

Feijóo sólo se presentó contra Feijóo. Consiguió que los gallegos se olvidaran, una vez más, de que estaba en juego la composición del parlamento de O Hórreo y que es allí dónde se elige el presidente de la Xunta. Hizo su campaña presidencialista, personalísima, mejorando el estilo de Fraga y escondiendo en el trastero al Partido Popular y toda su organización política. Limitó al mínimo la presencia de Casado y su equipo directivo nacional. Apostó por cuarta vez todo a una cara, la suya. Y ganó por goleada consiguiendo que le acompañen a Compostela cuarenta diputados con la lección aprendida del sentidiño, la templanza y la moderación. Veremos si piensa aquello de que no hay quinto malo.

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