Un síndrome obligó a Salomé González Meizoso a vivir encerrada durante cinco meses y ahora lleva 42 días sin pisar la calle por el coronavirus. El domingo por fin podrá salir a pasear con sus hijos
26 abr 2020 . Actualizado a las 10:08 h.Salomé González Meizoso no es precisamente una persona muy casera. Más bien todo lo contrario. Cuando no está trabajando, le encanta salir a pasear, hacer deporte, asistir a conferencias, practicar el terraceo... Lo normal para una persona muy sociable y activa. Sin embargo, en los últimos ocho meses las circunstancias le han obligado a permanecer entre las cuatro paredes de su piso de Ferrol más tiempo del que a ella le gustaría. A mediados del pasado mes de agosto, los médicos le diagnosticaron un síndrome de Guillaim-Barré que la dejó paralizada y la mantuvo sin salir a la calle casi cinco meses, primero ingresada en el hospital y luego en su casa. A principios de febrero pudo por fin volver al trabajo y hacer una vida normal, pero solo un mes después el coronavirus puso su vida patas arriba otra vez. «Ahora llevo ya 42 días confinada, pero yo ya tengo callo en esto, así que no lo llevo mal. Me da más pena mi marido, que está que se sube por las paredes, y también mis hijos, sobre todo el mayor, que ya necesita salir a la calle y desfogar», explica esta ferrolana del barrio de Canido.
Por todo eso, el domingo será un día muy especial para Salomé, su marido, Manuel Iglesias, y sus dos hijos: Manu, de cuatro años; y la pequeña Carmen, de solo 21 meses. Porque, por primera vez en cinco semanas, ella y sus dos pequeños podrán por fin respirar aire puro y su marido saldrá a la calle para algo diferente que ir a la farmacia o hacer la compra.
«La verdad es que con dos hijos pequeños, encerrados en un piso y teletrabajando, esta situación se nos está haciendo bastante dura, aunque en el fondo nos sentimos muy afortunados porque tanto nosotros como nuestras familias están bien de salud, que es lo más importante en estos momentos», comenta el marido de Salomé.
Para la primera salida, la pareja ya lo tiene todo bien pensando y planeado. «Primero saldré yo con uno de mis hijos, y luego lo hará mi marido con el otro. Y lo que haremos será ir caminando hasta casa de mi madre, que vive a novecientos metros. Así la abuela podrá salir a la ventana y ver a sus nietos, que lo está deseando», explica Salomé con la misma ilusión que un niño con zapatos nuevos.
Aunque el síndrome que sufrió hizo que perdiese la movilidad y le obligó a aprender a caminar de nuevo, este confinamiento se le está haciendo un poco más duro que aquel. «Es que ahora tengo que teletrabajar, atender a los niños y hacer las cosas de la casa. Esperemos que esto se acabe pronto, pero parece que va para largo. En cualquier caso, hay que intentar ser positivos, porque esto también pasará», dice con espíritu optimista.
Mónica Benasach, madre de cinco hijos: «Los niños están impacientes por salir con la bici y el patinete»
Como los hijos de Salomé González Meizoso, los pequeños de Mónica Benasach también están deseando salir a la calle. Esta matrona tiene cinco hijos de entre siete años y cuatro meses (dos niñas y tres niños), y aunque ella ya se siente muy afortunada porque en su casa tiene un pequeño jardín, el hecho de poder salir a pasear con sus hijos también supone un alivio para la familia. «Los niños ya están muy cansados de estar siempre en el mismo lugar, y además, en el jardín no pueden usar el patinete ni andar en bici, así que están impacientes por salir», cuenta Mónica, que para el domingo tiene previsto caminar hasta A Malata con parte de sus hijos y que su marido lo haga con el resto en otro momento del día. A esta madre de familia numerosa no le da miedo que sus hijos se puedan contagiar en las salidas. «El riesgo ya lo tengo asumido, porque mi marido es médico, y además, he concienciado mucho a los niños de la importancia de mantener las distancias y lavarse las manos».