Libretas de fiar


La confianza es la pieza clave de la economía. Eso dicen los llamados economistas humanistas, aquellos que se apoyan más en el conocimiento de las relaciones humanas que en las matemáticas financieras. Con un poco de dinero y toneladas de confianza se pueden establecer bases sólidas para el desarrollo económico, es un principio que se hizo universal en las escuelas de negocios. Como cualquier otra sentencia que quiere alcanzar el carácter general, ésta tiene también múltiples lecturas. Recordemos los tiempos de gran escasez económica vividos en buena parte del siglo XX. Tiempos de racionamiento y de comprar al fiado. Las familias acudían a las tiendas, comercios y ultramarinos de barrio para comprar al fiado los productos básicos. Había confianza, pocos productos y menos dinero. Los comerciantes apuntaban los débitos en las maravillosas libretas de fiar; hoy se lleva patatas, garbanzos, aceite y media hoja de bacalao. En la libreta de fiar se anotaba el pedido con sus importes y la suma total. Los compradores llevaban su propia cuenta, algunos en pequeñas libretas en las que anotaban el acumulado. De allí restaban lo que podían pagar en función de sus ingresos, semanales o mensuales. Así se iba tirando, con un sistema contable simple pero eficaz, basado en la confianza entre el vendedor y el comprador.

Hoy la ecuación es justo la inversa. Un país como el nuestro genera un producto interior bruto de más de un billón de euros al año. Hay dinero y también nuevas necesidades, traducidas en más gastos e inversiones. Pero lo que no hay es confianza. Nadie se fía de nadie y todos aciertan al desconfiar de los demás, parece ser el nuevo principio universal. El Instituto Sondaxe hizo públicas las conclusiones de su reciente estudio demoscópico, entre las que destaca que más del 78 % de los gallegos están hartos de los políticos. No se fían de sus promesas ni del panorama que dibujan. Más de un 65 % creen, además, que la situación empeorará, a pesar del futuro idílico que tratan de vender todos los partidos. Por su parte JP Morgan, empresa que mide el Índice de Confianza del Inversor español, señaló que está en el nivel más bajo desde 2013. Los inversores tampoco se fían. Buscan más seguridad, incluso productos en los que se garantice su dinero en lugar de otros más rentables pero con un riesgo mayor. El Centro de Investigaciones Sociológicas afirma algo parecido en la medida del Índice de Confianza del Consumidor del 2019. Su media anual fue 9 puntos inferior a la del 2018, y sus resultados mensuales estuvieron siempre por debajo de los obtenidos desde 2015.

Esta es la situación. Atrás quedan el apretón de manos y las libretas de fiar. La desconfianza llegó para quedarse.

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