«Esto cualquier día mata a alguien»

Vecinos de Recimil denuncian desde hace seis años filtraciones en sus viviendas


Ferrol

Un gran desconchón desde el que, literalmente, llueve da la bienvenida a quienes ascienden hasta la última planta del número 1 de la calle Ortigueira, en Recimil. Parte de la placa se ha desprendido. Y la que resta, amenaza con hacerlo a diario sobre las cabezas de los inquilinos. «Esto cualquier día mata a alguien», resume Cándido Giménez y Manuel Doce. «Tengo una niña pequeña y tengo miedo de que suba por la escalera y le caiga un cascote. Y aquí hay cinco niños más», añade el primero. Hace tres años que se mudó al primer piso de este edificio, pero reside en el barrio desde hace más de una docena. Desde hace 18, vive en el tercero Manuel Doce, que alerta también del «riesgo para la salud» derivado de convivir con semejantes humedades.

En el suelo de descansillos y el acceso a los trasteros dos grandes capachos de goma, tres macetas y algún tarro recogen el goteo incesante que llega desde el techo. «Los tejados están todos podridos», denuncian. «No pueden ni andar por ellos para arreglarlos», exponen desesperados. Aseguran que han puesto una reclamación ante el Concello, «pero no hacen caso». Los afectados llevan denunciando la situación que viven desde el año 2013, cuando empezaron a entregar escritos por recurso. Hace un año, explican, acudieron técnicos para realizar un arreglo de emergencia. «Vinieron, colocaron dos tejas y al día siguiente volví a llover», denuncian. Y la lluvia que se cuela por las escaleras acaba en las viviendas.

Después de que el pleno aprobase destinar más de dos millones de euros del superávit a actuaciones de mejora en el barrio, con la extensión a las calles Betanzos y Ares de la actuación de fachadas y cubiertas que se ejecuta actualmente en Dez de Marzal y Narón, los inquilinos de este portal se preguntan cuándo les tocará a ellos: «Si van por orden de prioridad, esto lo merece».

El alcalde, Ángel Mato, tiene prevista a las cinco de esta tarde una visita al barrio junto a miembros de la asociación de vecinos.

Una cocina en la que llovía

Así está ahora la cocina de una de las viviendas del tercero. Hasta hace quince días, llovía dentro de ella. Pero hace dos semanas, y tras numerosas reclamaciones, operarios municipales realizaron un arreglo de emergencia que, al menos, sirvió para detener el caudal de agua que se filtraba, aunque el techo quedó gravemente dañado, con la pintura sucia, desprendida y formando grumos por la humedad. El agua se coló también en los trasteros, alojados en la planta bajo cubierta, abombando y humedeciendo las placas de contrachapado que ejercen de techo.

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