Al Consejo de Estado


Ferrol

En cuanto termine de tomar este guarisnai con ustedes me pongo a escribir una carta al Consejo de Estado. Así, por derecho. Con lenguaje alto y claro, como el nuevo voto que nos piden en noviembre. Consejo de Estado, a la atención del Letrado Mayor, Palacio de Uceda, calle Mayor 79, Villa de Madrid. Remite: Pepe de Canido, Ferrol. Con eso bastará. En el sobre pondré un sello de Felipe VI, para darle solemnidad al envío.

Escribiré que soy consciente de que me dirijo al supremo órgano consultivo del Gobierno. Y soy conocedor de que tienen preparado desde hace tiempo un dictamen con la propuesta de reforma de la Constitución. Esto lo sé porque nos lo dijo el profesor Portero Molina a los asistentes a una de las tertulias que organiza el Club de Prensa ferrolano. Portero Molina, uno de los grandes constitucionalistas españoles, avanzó que la propuesta recogía temas como el encaje de las Comunidades Autónomas, la entrada en Europa, la sucesión a la Corona, y otros varios capítulos.

Les pediré en la carta que incluyan la reforma del artículo 99. Ya saben, ese que dice que en el Congreso se elegirá al Presidente del Gobierno en primera votación con mayoría absoluta (la mitad más uno de los votos) o en segunda votación con mayoría simple (más síes que noes).

Solicitaré que la reforma tenga el calado suficiente para garantizar que no se pueda repetir, por los siglos de los siglos, el espectáculo bochornoso que hemos dado al mundo en esta legislatura inútil: ni presidente, ni ejecutivo, ni una sola ley aprobada. Si es preciso, que incluya amenaza de cónclave, con la puerta cerrada con llave -y a pan y agua- en las futuras sesiones de investidura y una vez escuchado al pueblo soberano. Del Congreso se sale con un presidente investido sí o sí.

Explicaré que llego a esta reflexión preocupado por la salud mental de los españoles (otra campaña electoral, el sentimiento de culpa por que votamos un poco mal, más tertulias televisivas con las mismas soflamas, el vacío del tiempo perdido…) y el propio equilibrio emocional de los líderes aspirantes. Ahí están, los pobres. Uno ve bandas por todas partes, otro sueña con asaltar sillones ministeriales, otro ya ni puede dormir, otro tiene pesadillas porque los inmigrantes le roban los bocadillos, otro sufre porque no le da la suma para un partido único, grande y libre.

Y finalizaré diciendo que un servidor, en noviembre y cuando sea, irá a votar. Que todavía recuerda alguna carrera delante de los grises por la plaza de España pidiendo el voto a los 18 años en lugar de a los 21 como estaba. Y se consiguió. Por aquello de participar en el sistema democrático y no dejar algo tan serio como la Política solo en manos de los políticos.

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