Añicos


Ferrol

España es una democracia plena. El Democracy Index le otorga la posición 14 de Europa y 19 del mundo. El Rule of Law Index sitúa a nuestro país en el puesto 23 sobre 113 en calidad del Estado de Derecho. Los indicadores referidos a pluralismo y calidad de los procesos electorales, eficacia gubernamental, participación política, cultura política, libertades políticas y civiles, respeto a los Derechos fundamentales y tratamiento justo ante la ley, hacen de España una democracia consolidada, respetable y respetada por los organismos internacionales. A corregir, se señala en uno de los peritajes, el nepotismo y la corrupción, algo por todos conocido, especialmente los funcionarios de prisiones que se encargan de custodiar a cientos de corruptos procedentes de la peor clase política, financiera y empresarial.

Sin embargo, en el fuero interno, los españoles consideramos que la política, los políticos y los partidos políticos, son el segundo de los problemas más importantes de nuestro país, solo por detrás del paro. Particularmente los partidos políticos, herramientas constitucionales que detentan el poder de representación de la soberanía popular, están de capa caída.

Los nuevos y los no tan nuevos. Los que hicieron la transición y los que acaban de llegar. Los del denostado régimen del 78 y los que llevan medio telediario y hacen sus asambleas en una cafetería. Todos, en conjunto, son un problema importante y están, según los datos del último CIS, lejos de ser una solución.

El consistorio ferrolano es un reflejo de esta situación. Se presentaron 11 partidos políticos a las elecciones municipales y obtuvieron representación cuatro. Se han constituido en dos bloques enfrentados. El conservador con un solo partido, el PP, ganador de las elecciones pero sin mayoría absoluta debido a los votos que le restaron las otras dos derechas, Ciudadanos y Vox, que resultaron inútiles. El progresista con tres partidos, PSOE, FeC y BNG, suma mayoría pero se muestra incapaz de articular un gobierno estable. Los dos bloques políticos están más que fragmentados. Están hechos añicos. Con problemas internos el PSOE. Disgregándose el PP. En franca descomposición los rupturistas rebeldes: Ferrol en Común, En Marea, Izquierda Unida y Partido Comunista (¿se sabe algo de ellos?), Anova, Podemos, Verdes y sus confluencias. Sin nuevo proyecto político en el BNG, con el mismo discurso de hace 30 años.

Es el momento del diálogo y la gobernanza. De la gestión presupuestaria. Del acuerdo que haga posible destinar recursos a proyectos que mejoren la ciudad y la vida de los vecinos. Pero esto lo tienen que hacer los representantes políticos que son calificados por la ciudadanía como un problema grave. Algo no va bien.

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