Preguntas ociosas


Ya sé que no es un tema que preocupe especialmente a los lectores (están pasando cosas a nivel político y social en España mucho más trascendentes), pero a mí este asunto me tiene muy intrigado: ¿a quién pertenece la mezquita-catedral de Córdoba? Ahora mismo hay un contencioso entre la Junta de Andalucía, que reclama su titularidad, y la Iglesia, que afirma ser la propietaria legal. El Obispado alega que en el año 2006 inmatriculó en el Registro el monumento histórico, mientras que en un informe exhaustivo el Ayuntamiento parece demostrar que la Iglesia no puede tener título de propiedad alguno, y alega que, tras la conquista de Córdoba en 1236 por el rey Fernando III, la Mezquita de la dinastía Omeya pasó a pertenecer al Estado, en este caso a la Corona de Castilla, y que no hay ningún documento que demuestre que fue donado posteriormente a la Iglesia. Por lo tanto, la catedral que se levantó más tarde sobre la Mezquita fue construida sobre un terreno del Estado, y por eso la Iglesia no puede considerarse la propietaria ni de uno ni del otro monumento.

Estoy intrigado por saber quién es el verdadero propietario de esta joya arquitectónica que es la Mezquita porque así sabríamos a quién hay que pedirle responsabilidades por el bochorno que el mundo del arte español tuvo que sufrir en el año 2006, cuando la galería Christie’s sacó a subasta siete vigas del artesonado de la Mezquita, del siglo X. Después de estar arrumbadas en el suelo de algún patio de la misma, consideradas como unas simples maderas viejas, alguien las sacó de allí pretendiendo utilizarlas para decorar un restaurante que iba a montar, hasta que un amigo espabilado se las compró por una cantidad ridícula. Luego, las revendió a un suizo aún más listo, que acabó negociándolas con la sala londinense Christie’s. Medio millón de euros cada una fue el resultado de la subasta. ¿Quién fue el responsable de semejante negligencia? ¿Qué canónigo zote o qué funcionario ignorante permitió el abandono de aquellas maderas históricas? Parece que la responsabilidad es de la Iglesia, pues a su cargo estaba el monumento artístico. En todo caso, este bochorno habría que disculpárselo ya que es la Institución que mejor ha conservado en el mundo cristiano el riquísimo legado arquitectónico a lo largo de veinte siglos.

Es curioso cómo a medida que voy contestando a las preguntas que originaron este artículo se me van ocurriendo otras para las que no tengo respuestas. Por ejemplo, ¿por qué el arte vale lo que vale, o quién o qué determina ese valor? Porque, realmente, el arte no ha tenido valor mientras no ha tenido precio. La reina Victoria de Inglaterra fue la primera en comenzar a comprar, en este caso unos precios módicos, todos los mármoles y tesoros que sus tropas colonialistas saqueaban en Grecia y en Roma. Los soldados se afanaban en la rapiña de estos tesoros artísticos porque tenían un comprador seguro en su propio Estado, empeñada como estaba la Reina, la mayor perista de la Historia, en hacer del Museo Británico el mejor museo del mundo. Hasta el siglo XIX los objetos artísticos de épocas pasadas sólo interesaban a estetas y a gente muy cultivada en educación y cultura. El coleccionismo era entonces una pasión pura y muy barata, pero con el tiempo y con la aparición de los chamarileros acabó convirtiéndose en un mercado puro y duro. Creo que hoy el precio del arte se ha confundido con su valor.

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