He sido profesora más de cuarenta años y viví experiencias muy variadas. El profesor, en general, era respetado, personal y profesionalmente. En los setenta, con las reformas, se crea la figura del tutor que favorece la necesaria relación con las familias. Pero pronto aparece alguna señal preocupante: el maestro, el profesor, en el lenguaje sindical más combativo, pasa a ser un enseñante… Y algunas APAS exigen controlar los centros, más allá de la necesaria y positiva colaboración. Y una de las consecuencias es que los profesores son el blanco favorito de sectores de padres y de algunos sindicatos dispuestos a llevar a las aulas la defensa de un modelo de casi autogestión. Y su primera proclama es que los derechos del alumno son absolutos y ¿los deberes? : un residuo del franquismo. La permisividad de los padres con quejas de sus hijos que, para justificarse, degraden la figura del profesor es la raíz y el fondo del problema. Hay profesores, es una realidad, que merecen el reproche y la consiguiente sanción. Cauces hay para hacerlo.
Si asisten, puede ser un ejemplo, a algún partido de fútbol de infantiles, alevines etc. escuchen y vean cómo algunos padres defienden a sus hijos de las «injusticias». Hay que devolver al maestro la protección pública, el respeto y la consideración que merece, sin permitir que sea menospreciado, o incluso insultado, por un alumno, ni siquiera en el seno de su familia, o las agresiones, verbales o físicas, serán como un virus que contaminará la escuela del odio que ya se respira en algunas aulas de… Ya saben ustedes donde.