Aniversario


Para afianzar una interpretación nueva del pasado es preciso desembarazarse de la preexistente. El matonismo fascista prefiere el método expeditivo ante las tapias de los cementerios y las cunetas, pero hablamos de caballeros de orden que se proponen construir un relato del pasado. En este caso, el primer paso es hacerse con el lenguaje (esto es, expropiarnos las palabras, dejarnos huérfanos de ellas), llamando rencor a lo que conocíamos como dolor y memoria, por ejemplo; decir reabrir heridas donde decíamos recuperación de la dignidad humillada, y así hasta el infinito. A Rajoy esto le resbala, o se la trae floja; por eso es incapaz de repentizar una respuesta a la altura de su cinismo más allá de su Ah.. eso... humm...pues... cuando en Argentina le preguntan por los asesinados en la represión franquista. Incluso cuando el paso del tiempo dejó al descubierto la tramoya de la Transición. Un relato ex novo que pretendía convertir en eximia obra de ingeniería política lo que no pasó de trampantojo cosido con el invisible hilo del miedo; un apaño que dejó intactos, si no reforzados, los verdaderos centros de poder instaurados o confirmados por el franquismo; núcleos duros nuevamente bendecidos por la crisis actual: los millonarios son más millonarios y pagan menos impuestos (véase La Voz de Galicia de hace unos días). Ayer se cumplieron 87 años de un día histórico en España, un esperanzado intento de regeneración, de disipar las tinieblas de la ignorancia y el caciquismo. Una aspiración cercenada por el fanatismo. (Segunda acepción del vocablo relato incluida en la edición revisada del 2017 del Diccionario de la RAE: «Narración, cuento»). Salud.

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