Nada libre pececito

Marta Seijas TRIBUNA

FERROL

Consternada, inundada por un cúmulo de tristeza, indignación y rabia, me dispongo a escribir el artículo que nunca quisiera haber escrito y que seguro nadie quisiera leer jamás. Tras conocer la muerte de nuestro pequeño Gabriel, porque ya es un poquito de todos nosotros, los interrogantes se agolpan incesantemente. ¿Qué motivación puede haber para matar a un ser indefenso?, ¿Qué pasa por la cabeza de alguien que es capaz de cometer tal atrocidad?, ¿Cómo puede haber tanta maldad en el mundo? Seguramente son preguntas de las que nunca hallaremos respuesta. Toda España está repleta de impotencia, tristeza y un cúmulo de sentimientos desgarradores. Tras 12 días de incertidumbre y miles de muestras de solidaridad, miles de corazones albergando granitos de esperanza, la peor de las noticias, el peor de los desenlaces, nos abordaba en la sobremesa del pasado domingo. Imposible encontrar palabras de consuelo, nada que sirva para aliviar la pena, el dolor e infinito sufrimiento desgarrador que sin duda asola el corazón de unos padres que ya no podrán sentir entre sus brazos a su pequeño. No existe justificación posible ante tal atrocidad, por eso, hoy más que nunca, me ratifico en mi posición sobre la prisión permanente revisable, y cada vez me resulta más incomprensible que incluso con casi tres millones de firmas, los partidos de la oposición sigan adelante con su intención de derogar una ley que España necesita. Los ciudadanos de bien merecen vivir tranquilos, la sociedad tiene que tener la convicción de que las alimañas que están tras las atrocidades de los supuestos que contempla la ley no camparán a sus anchas entre nosotros, colmados de privilegios y, estoy convencida, llenos de maldad, porque un ser capaz de matar es un corazón inundado de odio que jamás podrá redimir su culpa y mucho menos cambiar.En medio del dolor, una vez más tenemos que felicitarnos por tener la Guardia Civil que tenemos, hombres y mujeres modestos que velan por nuestra seguridad y rompen en llanto cuando realizan el atroz hallazgo, porque son padres, abuelos, hijos… Hoy estoy segura de que hay peces que tienen alas de ángel, así que nada, nada eternamente por el océano del universo pequeño pescadito. Allí ninguna red de odio y maldad podrá capturarte. Descansa en paz, Gabriel.