Equidistancia

Nona Inés Vilariño MI BITÁCORA

FERROL

La Transición fue un proceso más difícil de lo que venden quienes, para denostarla, la consideran un error histórico. Y es ejemplo de superación de las discrepancias y de generosidad. Porque la inmensa mayoría de los líderes políticos fueron capaces de canalizar el deseo de concordia de los españoles, que habían sufrido las consecuencias de la intolerancia y del enfrentamiento dramático entre las dos Españas que querían superar. Muchos arriesgaron su vida, y en centenares de casos la perdieron, por la sinrazón y la crueldad ejercida desde credos ideológicos dispuestos a truncar, una vez más, el proyecto de una España plenamente democrática. Los autores del proyecto de demolición de la Transición -que nada tiene que ver con el conveniente proceso de reformas- jamás recuerdan a quienes eran asesinados por ser candidatos de un partido, militares, o simples ciudadanos que pasaban por allí… Hablan con los rescoldos de un rencor, a veces impostado, que nada tiene que ver con un análisis riguroso de aquella realidad y de sus circunstancias.

Y si me duelen estas actitudes, porque las expresan con el descaro de quien mutila la historia a conveniencia, me duele mucho más la equidistancia. Sí, la equidistancia de moverse siempre en lo políticamente correcto. Sin mojarse. Usando la semántica como coartada, para ahorrarse el desgaste.

Creo que es hora de llamar a las cosas por su nombre. A los terroristas: asesinos. A los nacionalistas radicales: separatistas. A los corruptos: delincuentes Y a España: España, para defenderla como patria de los que la sienten como tal.